BREVE
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
I.- DESDE
LOS COMIENZOS A LA EDAD MEDIA
I.
LOS PRIMEROS
FILÓSOFOS.
Alrededor
del año 700 a C., gran parte de los mitos griegos fueron plasmados por Homero y
Hesíodo.
Hacia
el año 600 surgió una nueva forma de pensar. Hasta entonces habían sido las
distintas religiones las que habían proporcionado a la gente las respuestas a
esas preguntas vitales que se hacían. Esas explicaciones religiosas se habían
transmitido de generación en generación a través de los mitos. Un mito es un
relato sobre los dioses, un relato que pretende explicar el principio de la vida. Explicaciones
míticas a cuestiones filosóficas se habían dado en todos los pueblos en el
transcurso de los milenios.
Los
primeros filósofos griegos criticaron la mitología de Homero sólo porque los
dioses se parecían mucho a los seres humanos: eran egoístas y de poco fiar. En
el filósofo JENOFANES (570 a de C.) encontramos un ejemplo de esa crítica: “Lo
seres humanos se han creado dioses a su propia imagen”. Los negros piensan que
los dioses son negros y chatos, los tracios los imaginan rubios y con ojos
azules.
Por
esta época los griegos fundaron una serie de ciudades-estado en Grecia y en las
colonias griegas del Sur de Italia y en Eurasia. En ellas los ciudadanos libres
podían dedicar su tiempo a la cultura y a la política, porque los esclavos
hacían todo el trabajo físico. Es en estos ambientes en los que evolucionó la
manera de pensar de la gente. cómo organizar la sociedad, por ejemplo. Pero
también se hacían preguntas filosóficas sin tener que recurrir a los mitos
heredados. Tuvo, pues, lugar una evolución de una manera de pensar mítica a un
razonamiento basado en la experiencia y en la razón. Su objetivo era buscar
explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza.
LOS FILOSOFOS DE LA NATURALEZA
Existiría una “materia
primaria de lo que todo lo demás estaba hecho? Y en ese caso, como podría
convertirse en algo tan distinto como una flor, o un caballo?
El
proyecto concreto que quiso sacar adelante cada uno de los filósofos es un poco
distinto, pero a los primeros filósofos de Grecia se les suele llamar “filósofos de la Naturaleza” porque se
interesaban por la naturaleza y sus procesos.
La
gran pregunta no era cómo todo pudo surgir de la nada. Los griegos se interesaban
en cómo era posible que el agua se convirtiera en peces vivos y la tierra
inerte en grandes árboles o en bellas flores.
Los
filósofos veían con sus propios ojos
cómo constantemente ocurrían cambios en la naturaleza. ¿Pero cómo podían
ser posibles tales cambios? ¿Cómo podía algo pasar de ser una sustancia en algo tan distinto como la vida?
Los
primeros filósofos tenían en común la
creencia de que existía una materia
primaria, que era el origen de todos los cambios. Esa materia primaria debía
ser el origen de todos los cambios sucedidos en la naturaleza. Tenía que haber
algo de lo que todo procedía y a lo que
todo volvía.
Más
que las respuestas que dieron nos interesa saber qué preguntas se hacían y qué
tipo de respuestas buscaban. Nos interesa más el cómo pensaban que lo que
pensaban.
Podemos
constatar que hacían preguntas sobre cambios visibles en la naturaleza, e
intentaron buscar algunas leyes
naturales constantes. Querían
entender los procesos de la naturaleza sin tener que recurrir a los mitos
tradicionales, sino estudiando la misma naturaleza.
De
esta manera la Filosofía se independizó de la religión. Y ya no explicaban los
truenos y relámpagos con referencia a sucesos mitológicos. Podemos decir que
los filósofos de la Naturaleza dieron los primeros pasos hacia una manera
científica de pensar, desencadenando todas las ciencias naturaleza posteriores.
Lo
poco que conocemos de ellos se debe a
los escritos de Aristóteles, que vivió un par de siglos después de los primeros
filósofos. Y Aristóteles se refiere a los resultados a que llegaron y no
sabemos bien cómo llegaron a tales resultados. Pero sabemos lo suficiente como
para poder constatar que el proyecto de los primeros filósofos griegos abarcaba
preguntas en torno a la materia primaria y a los cambios en la naturaleza.
LOS TRES FILOSOFOS DE MILETO
El
primer filósofo de que oímos hablar es TALES, de la colonia de Mileto, en Asia
Menor. Viajó mucho por el mundo y se cuenta de él que midió la altura de una
pirámide en Egipto, teniendo en cuenta la sombra de la misma en el momento en
que su propia sombra media lo mismo que él. También se dice que logro predecir
un eclipse solar en 585 mediante cálculos matemáticos.
Tales
opinaba que el agua es el origen de todas las cosas. Quizás opinara que todas
las cosas tienen su origen en el agua. y que toda clase de vida tiende a
convertirse en agua cuando se disuelve. Es probable que se preguntara cómo el
agua se podía convertir en hielo y en vapor, y luego volver a ser agua de
nuevo.
Al
parecer también dijo que todo estaba “lleno de dioses”. Quizás se
refiriera a cómo la tierra negra
pudiera ser el origen de todo, desde flores y cereales hasta cucarachas y otros
insectos, y se imaginase que la tierra estaba llena de pequeños gérmenes de
vida. Lo que es seguro es que no pensaba en los dioses de Homero.
El
siguiente filósofo del que se nos habla es ANAXAGORAS, que también vivió en
Mileto. Pensaba que nuestro mundo es
simplemente uno de los muchos mundos
que nacen y perecen en algo que el llamó “lo Indefinido”. No es fácil
saber lo que él entendía por este término, pero no se imaginaba una sustancia
conocida como Tales. Quizás fuera de la opinión de que aquello de lo que se ha creado todo tiene que ser distinto a lo creado. En ese
caso la materia primaria no podía ser algo normal como el agua sino algo
“Indefinido”.
Un
tercer filósofo de Mileto fue
ANAXIMENES (570 – 526 a. C.) que opinaba que el origen de todo era el aire o la
niebla. Es evidente que había conocido la teoría de Tales sobre el agua. Pero
¿de dónde viene el agua?
Anaxímenes
pensaba que el agua tenía que ser aire condensado, pues vemos cómo el agua
surge del aire cuando llueve. Y cuando el agua se condensa más, se convierte en
tierra – quizás había observado cómo la tierra y la arena provenían del hielo
que se derretía. Asimismo pensaba que el fuego
tenía que ser aire diluido. Según Anaxímenes, tanto la tierra como el
agua y el fuego, tenían origen en el aire.
No
es largo el camino desde la tierra y el agua hasta las plantas en el campo.
Para que surgiera la vida tenía que haber TIERRA, AIRE, FUEGO Y AGUA. Pero el
punto de partida era el “aire” o la “niebla”. Compartía, pues, con Tales la
idea de que tiene que haber una materia primaria, que constituye la base de todos
los cambios que suceden en la Naturaleza.
LOS ELEATOS
Nada puede surgir de la nada
Los
tres filósofos de Mileto pensaban que tenia que haber una materia primaria de la que estaba hecho todo lo demás. Pero
cómo es posible una alteración tal de forma que pueda convertirse en algo
distinto. Es decir, se plantearon el problema del cambio.
Desde
el año 500 antes de Cristo vivieron unos filósofos en la colonia griega de Elea
en el sur de Italia y estos eleatos se preocuparon de cuestiones de este tipo.
El
más conocido era PARMENIDES (510 – 470 a. C.). Pensaba que todo lo que hay ha
existido siempre, lo que era una idea
muy corriente entre los griegos. Daban por sentado que todo lo que existe en el
mundo es eterno. Nada puede surgir de la nada. Y algo que existe, tampoco puede
convertirse en nada. Pero pensaba que ningún verdadero cambio era posible. No
hay nada que pueda convertirse en algo diferente a lo que es.
Desde
luego que veía los cambios constantes en la naturaleza. Con los sentidos
observaba cómo cambiaban las cosas, pero esto no concordaba con lo que decía la
razón. Cuando se vio forzado a elegir entre fiarse de los sentidos o de la
razón, el optó por la razón.
Los
sentidos, pensaba, ofrecen una imagen errónea del mundo, una imagen que no
concuerda con la razón de los seres humanos. Y se creyó, como filósofo,
obligado a descubrir toda clase de ilusiones. esta fuerte fe en la razón humana
se llama RACIONALISMO. Un racionalista es el que tiene una gran fe en la razón de las personas como fuente de
sus conocimientos sobre el mundo.
Todo fluye
Al
mismo tiempo que Parménides vivió HERACLITO (540-480 a. C.), natural de Éfeso,
en Asia Menor.
El
pensaba que precisamente los cambios constantes eran los rasgos más básicos de
la Naturaleza. Podríamos decir que tenía más fe en lo que le decían sus
sentidos que Parménides.
“Todo
fluye” dijo Heráclito, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por
ello, no podemos “descender dos veces al mismo río”, pues cuando se baja al río
por segunda vez ni el río ni yo mismo somos los mismos.
También señaló que el mundo está
caracterizado por constantes contradicciones: Si no hubiera invierno, no
sabríamos lo que es la primavera, por ejemplo. Si no estuviéramos alguna vez
enfermos no sabríamos lo que es la salud.
Tanto
el bien como el mal tienen un lugar necesario en el TODO, decía Heráclito. Y si
no hubiera un constante juego de contrastes, el mundo dejaría de existir.
“Dios
es dia y noche, invierno y verano, guerra y paz, hambre y saciedad”, decía.
Emplea la palabra “Dios” no en el sentido de los mitos griegos sino en el sentido de algo que abarca a todo el
mundo, lo divino. Dios se muestra precisamente en esa naturaleza llena de
contradicciones y en constante cambio. En lugar de la palabra Dios emplea a
veces la palabra “LOGOS”, que significa “razón”. Pensaba que tenía que haber
una especie de “razón universal” que dirige todo lo que sucede en la
naturaleza. Esta “razón universal” o “ley natural” es algo común para tofos y
por lo que se guían todos. Y esto, a pesar de que la mayoría se guían por su
propia razón y sus opiniones pueden compararse a los “juegos infantiles”.,
decía.
En
medio de todos esos cambios, él veía, pues, una UNIDAD o un TODO. Y él lo
llamaba “DIOS” o “LOGOS”.
Nos
hace recordar al prólogo del Evangelio de San Juan: “En el principio era el
Verbo” – LOGOS -.
Cuatro elementos
EMPEDOCLES (494-434 a. C.), natural de Sicilia, es el que
lograría salir de los enredos en los que se había metido la Filosofia.
Las ideas de Parménides y Heráclito
eran totalmente contrarias. La razón de Parménides le decía que nada puede
cambiar. Pero los sentidos de Heráclito le decían que en la naturaleza suceden
constante cambios. ¿Debemos fiarnos de la razón o de los sentidos?
Empédocles opinaba que tanto
Parménides como Heráclito tenían razón, pero que los dos se equivocaban en una
cosa.
Empédocles
pensaba que el gran desacuerdo se debía a que los filósofos daban por sentado
que sólo había un elemento. Ni el agua ni el aire son capaces por si solos de
convertirse en un rosal o en una mariposa, por lo que es evidente que no es
posible que la naturaleza tenga sólo un elemento.
La
Naturaleza tiene en total 4 elementos o “raíces”. TIERRA, AIRE, FUEGO Y AGUA.
Todos
los cambios en la Naturaleza se deben a que estos cuatro elementos se mezclan y
se vuelven a separar, pues todo está compuesto de esos cuatro elementos pero en
proporciones distintas en su mezcla.
Cuando muerte una flor o un animal esos elementos vuelven a separarse.
Pero los cuatro elementos básicos quedan inalterados, y por ello no es cierto
que todo cambie. Lo que ocurre es simplemente que se mezclan y se separan, para
luego volver a mezclarse. Es lo mismo que pasa con un pintor que dispusiera de
un solo color: No puede pintar más que n ese color. Pero si tiene amarillo,
rojo, azul y negro puede obtener hasta cientos de colores.
No
fue por casualidad que Empédocles pensara que las “raíces” de la naturaleza
tuvieran que ser precisamente tierra, aire, fuego y agua. Ya antes de él otros
filósofos habían pensado en uno de esos elementos como el más básico. Tales y
Anaxímenes ya habían señalado al AGUA y el AIRE como elementos importantes de
la Naturaleza. Los griegos también pensaban que el FUEGO era muy importante (a partir de la observación del
Sol y del calor del cuerpo humano).
Empédocles
vio como al arder un trozo de madera se notaba su disolución: Primero cuje y
gorgotea (agua). Algo se convierte en humo (aire). Algo queda cuando el fuego
se apaga (la ceniza o la tierra).
Pero queda algo pendiente de
explicar: ¿Cuál es la causa por la que los elementos se unen para dar lugar a
una nueva vida? ¿Y por qué vuelve a disolverse la mezcla?
Empédocles pensaba que tenía
que haber dos fuerzas que actuasen en la Naturaleza: Las llamó “amor” y “odio”.
Al llegar a este punto el filósofo distingue entre “elementos” y “fuerzas de la
naturaleza”. La misma ciencia moderna confirmaría estas dos apreciaciones.
Estudió qué pasaba cuando
observamos algo con nuestros sentidos: Los ojos están formados de los cuatro
elementos y por ello captan los cuatro elementos.
Algo de todo en todo
Otro
filósofo que no se contentaba con la teoría de un solo elemento fue
ANAXAGORAS (500-428 A. c.).
Anaxágoras
opinaba que la naturaleza esta hecha de muchas piezas minúsculas, invisible para el ojo. Todo puede dividirse en algo
todavía más pequeño, pero incluso en las piezas más pequeñas hay algo de todo.
Es así como esta hecho nuestro cuerpo. Hay “algo de todo” en cada una de las
células. El Todo está en la parte más minúscula. A esas partes mínimas
Anaxágoras las llamaba “gérmenes” o “semillas”.
También
Anaxágoras se imaginaba una especie de fuerza
que “pone orden” y crea animales y humanos, flores y árboles. A esta
fuerza la llamó “espíritu o entendimiento” (nous). Recordemos que para
Empédocles lo que unía las partes de los cuerpos enteros era el “amor”.
Anaxágoras
también es importante porque es el primer filósofo proveniente de Atenas. Venía
de Asía Menor, pero se trasladó a Atenas a los 40 años. Allí lo acusaron de
ateo, y finalmente hubo de marcharse de la ciudad. Entre otras cosas había
dicho que el sol no era un dios, sino una masa ardiente más grande que la Península del Peloponeso.
Se
interesó por la Astronomía. Opinaba que todos los astros estaban hechos de la
misma materia que la Tierra, conclusión a la que llegó después de estudiar un
meteorito. Puede que haya personas en otros planetas. Por su parte, la luna no
lucía por su propia fuerza sino que
recibía la luz de la Tierra. explicó además el por qué de los eclipses del Sol.
DEMOCRITO
La teoría atómica
El
último gran filósofo de la Naturaleza se llamaba DEMOCRIT0 (460 – 370 a.
C.), y procedía de la ciudad costera de Abdera, al norte del Mar Egeo.
Demócrito
estaba de acuerdo con sus antecesores en que los cambios en la naturaleza no se
debía a que las cosas realmente “cambiaran”. Suponía, en consecuencia, que todo
tenía que estar construido por unas piececitas pequeñas e invisibles, cada una
de ellas eterna e inalterable. A estas piezas más pequeñas las llamó ó átomos.
La palabra “átomo” significa “indivisible”. Si hubieran sido divisibles no
podrían haber servido de ladrillos elementales para su construcción filosófica.
Si se hubieran podido dividir, la naturaleza flotaría en una magma o pasta cada
vez más líquida.
Además
esos átomos tenían que ser eternos pues nada puede surgir de la nada. En este
punto estaba de acuerdo con Parménides y los eleáticos. Pensaba, además, que
los átomos tenían que ser fijos y macizos, pero no podían ser idénticos entre
sí. Si fueran idénticos, no podríamos explicarnos la enorme diversidad que
existe entre una amapola, un olivo, y un cabello, por ejemplo.
Existe
un sinfín de diferentes átomos en la Naturaleza, decía Demócrito. Algunos son
redondos; otros son irregulares y torcidos. Todos son eternos, inalterables e
indivisibles, pero por tener formas diferentes, pueden formar diferentes
cuerpos. Cuando un cuerpo muere, se dispersan y forman parte de otro cuerpo.
Pues los átomos se mueven en el espacio, pero se acoplan para formar las cosas
que vemos.
La
teoría atómica de Demócrito era correcta a los ojos de la ciencia de hoy. En
nuestros días la Ciencia ha descubierto que los átomos pueden dividirse en
“partículas elementales”: protones, neutrones y electrones. Quizás puedan
dividirse aun más, pero debe haber unas partes mínimas de las que todo esté
hecho.
Demócrito
no concebía ninguna fuerza que interviniera en esos procesos de la naturaleza. Existen, según él, los
átomos y el vacío. Y ya que no creía más que en lo material, le llamamos
MATERIALISTA. No existe ninguna intención determinada detrás de los movimientos
de los átomos. Todo ocurre mecánicamente lo que no quiere decir que sea casual,
pues la naturaleza tienen sus leyes inquebrantables. Hay, en su opinión una
causa natural en todo lo que ocurre, una causa que se encuentra en las cosas
mismas.
La
teoría atómica también explica nuestras sensaciones, pensaba. Cuando captamos
algo con nuestros sentidos, se debe a los movimientos de los átomos en el
espacio vacío.
¿Y
qué pasa con la conciencia? El alma está formada por unos átomos del alma
especialmente redondos y lisos. Al morir alguien, se dispersan y entran a
formar parte en el proceso de procreación. eso significa que el alma no es
inmortal.
Demócrito
puso fin a la Filosofía griega de la naturaleza. estaba de acuerdo con
Heráclito en que todo en la naturaleza “fluye”. Las formas van y vienen. Pero
detrás de todo lo que fluye se encuentran
cosas eternas e inalterables que no fluyen. A estas cosas es a lo que Demócrito llamó “átomos”.
EL DESTINO
Hemos
visto cómo los filósofos buscaron soluciones a los cambios en la Naturaleza,
pero también en otros campos hubo que despejar el camino de viejas
supersticiones. Hay dos temáticas que interesaron mucho en este sentido: la
enfermedad y la política. En ambos campos los griegos tuvieron fe en el
destino, en lo que está predeterminado.
Y
tanto entre los griegos como en casi todos los pueblos nos encontramos con la
idea de que los seres humanos pueden llegar a conocer el destino a través de
diferentes formas de oráculo, lo que significa que ese destino puede ser
interpretado de varios modos. La lectura de las cartas, o de las manos o la
interpretación de las estrellas son muy populares hoy en día. En Noruega la
adivinación mediante los posos del café es muy popular.
Entre
los griegos, el ORACULO DE DELFOS era consultado con ese mismo propósito. El
dios Apolo era el dios del oráculo. Hablaba a través de la sacerdotisa Pitia,
que estaba sentada en una silla sobre una grieta de la Tierra. De esta grieta
subían unos gases narcóticos que la embriagaban, circunstancia que se pensaba
era necesaria para que la hablara el dios Apolo. Al entrar en Delfos se
entregaba la pregunta a unos sacerdotes, quienes se la pasaban a la pitonisa.
Esta emitía una respuesta ambigua que, a su vez, necesitaba interpretación por
parte de los sacerdotes. Muchos jefes de estado no se atrevían a declarar la
guerra, o tomar decisiones importantes antes de haber consultado el oráculo de
Delfos. Encima del templo de Delfos había una inscripción: “CONOCETE A TI
MISMO”, que significa que ningún ser humano puede escapar a su destino, y que
es limitado en cuanto a sus posibilidades.
Esto se plasmó en la Literatura: Una de esas personas “trágicas” marcadas
por el destino fue Edipo.
El
destino no sólo determinaba la vida del individuo, sino el curso del mismo
mundo.
EL SURGIMIENTO DE LA CIENCIA
Mientras
los filósofos griegos intentaban buscar explicaciones naturales a los procesos
de la naturaleza, se iba también formando una ciencia de la Historia que
intentaba encontrar causas naturales. Los historiadores griegos más importantes
fueron HERODOTO (484-424 a.C.) y TUCIDIDES (460-400).
También
en ese tiempo surgió una ciencia de la medicina. Ya no se debían las
enfermedades a la intervención de los dioses, a causas sobrenaturales, como se
había creído. Especialmente las enfermedades contagiosas se habían atribuido a
un castigo de los dioses. Y la misma palabra “influenza” significaba que uno
estaba bajo una mala influencia de las estrellas.
Hacia
el año 460 a.C. surgió la medicina como ciencia. Se dice que HIPOCRATES,
nacido en Cos, fue el fundador de la ciencia griega de la medicina. Según la
tradición hipocrática, la moderación y una vida sana era la protección mejor.
La receta para estar sano era la moderación, la armonía y “una mente sana en
un cuerpo sano”.
Las
reglas éticas de la medicina de hoy tienen su origen en Hipócrates, quien
exigió a sus discípulos el juramento hipocrático: “Utilizaré el tratamiento
para ayudar a los enfermos según mi capacidad y juicio, pero nunca con la
intención de causar daño o dolor. A nadie daré veneno aunque me lo pida o me lo
sugiera, tampoco daré abortivos a ninguna mujer con el fin de evitar embarazos.
Consideraré sagrados mi vida y mi arte...” etc.
Las escuelas de medicina
de la Gracia clásica estaban divididas en dos tendencias fundamentales respecto
a cómo se tenían que tratar las enfermedades. Por una parte, la escuela de
Cnido se concentraba en el diagnóstico,
mientras que la de Cos se
centraba en el cuidado del paciente y el pronóstico. En general, la medicina de
la época de Hipócrates desconocía muchos aspectos de la anatomía y la
fisiología humanas, a causa del tabú griego que prohibía la disección de cadáveres
Por lo tanto, las enseñanzas de
la escuela cnidia, que tenían una gran valía en el tratamiento de enfermedades
comunes, no eran capaces de determinar qué provocaba enfermedades con síntomas
poco conocidos. Por su parte, la escuela hipocrática o de Cos tuvo más éxito aplicando diagnósticos
generales y tratamientos pasivos y fue capaz de tratar enfermedades de manera
eficaz, lo que permitió un gran desarrollo en la práctica clínica.
ATENAS
La
antigua plaza de Atenas en tiempo de Sócrates, alrededor del 402, formaba un gran rectángulo, y en su recinto
se pusieron las bases de toda la civilización europea.
La
Acrópolis o “castillo de la ciudad” o “ciudad sobre la colina” era un lugar
fácil de defender. Desde allí se veía uno de los mejores puertos del
Mediterráneo. En la primera mitad del siglo VI a. C. se libró una cruenta
guerra contra los persas y en el año 480 el rey persa Jerjes saqueó Atenas y quemó todos los viejos
edificios de madera de la Acrópolis. Al año siguiente, una vez vencidos los
persas, comenzó la Edad de oro de Atenas. Volvió a construirse la Acrópolis,
más majestuosa que antes, y desde entonces ya sólo para recinto de templos. Era
en vida de Sócrates. Estacaba el Partenón o “Templo de la Virgen” y fue
levantado en honor a Atenea, que era la diosa patrona de Atenas. No tiene una
sola línea recta, pues los cuatro lados tienen una leve curvatura. También las
columnas se inclinan suavemente hacia dentro. Debido a este engaño óptico no
resulta pesado a la vista. Dentro del templo había una estatua de Atenea de 12
metros. El mármol blanco, pintado de varios colores, se transportaba desde una
montaña a 16 kilómetros. Por debajo de la misma meseta de la Acrópolis había un
anfiteatro, donde se representaron la sobras de los grandes trágicos griegos,
precisamente en la época de Sócrates. La pared de atrás del anfiteatro servía
de fondo a los actores. Esa pared se llamaba “skené”, y ha prestado su nombre a
nuestra palabra “escena”. La palabra “teatro” viene de una palabra griega que
significa “mirar”. Más a la derecha había varios edificios más pequeños. Desde
la meseta de la Acrópolis hay cercano
un monte, que era el Areópago, donde un tribunal supremo pronunciaba las
sentencias de muerte. Desde allí se ven aun las ruinas de la antigua plaza de
Atenas, entre las que queda solo el templo del gran herrero Efesto. Luego
siguiendo hacia la plaza, sólo encontramos restos de columnas.
Aquí
hubo maravillosos templos, palacios de justicia y otros edificios públicos,
comercios, una sala de conciertos e
incluso un gran gimnasio. Desde un poco lejos de la plaza se apreciaba todavía
la Acrópolis, y los edificios alrededor debajo de ella estaban cubiertos de oro
y pintados de colores fuertes
Palabras
como “política y democracia, economía e historia, biología y física,
matemáticas y lógica, teología y filosofía, ética y psicología, teoría y
método, idea y sistema, proceden de un pequeño pueblo que vivía en torno a la plaza.
II. DE LOS SOFISTAS A ARISTOTELES
LA FILOSOFIA EN ATENAS
Desde
aproximadamente el año 450 a. de C., Atenas se convirtió en el centro cultural
del mundo griego. Y la Filosofía tomó otro rumbo. Es el rumbo que marcarán
Sócrates, Platón y Aristóteles. Antes de ellos vinieron los filósofos de la Naturaleza a los que se
les llama a menudo “presocráticos”, porque vivieron antes que Sócrates, y se
les llama filósofos de la naturaleza, porque este fue su centro
de interés. Algunos de ellos murieron
después de Sócrates, por ejemplo, DEMOCRITO, pero su manera de pensar esta
dentro de la filosofía de los filósofos de la NATURALEZA.
Desde
los tiempos de Sócrates la vida cultural griega se concentró en Atenas. Pero el
mismo proyecto filosófico cambia de características. Con respecto a Sócrates no
sólo hay un cambio de orientación filosófica sino también incluso un cambio
geográfico. ANAXÁGORAS sí había vivido un tiempo en Atenas, pero fue expulsado
de la ciudad. En Atenas se iba desarrollando una democracia con asamblea
popular y tribunales de justicia. En
Atenas era importante dominar el arte de la retórica, porque una condición
previa a la democracia es haber recibido una enseñanza adecuada.
Desde
las colonias griegas pronto acudió un gran numero de profesores y filósofos
errantes que se llamaban a si mismo sofistas, cuyo significado es el de
“persona hábil” o “sabia”. En Atenas los SOFISTAS vivían de enseñar a los
ciudadanos. Los sofistas compartían con los filósofos de la naturaleza el tener
una postura crítica con respecto a los mitos tradicionales. Pero los sofistas
rechazaban las especulaciones inútiles. Opinaban que quizás existiera una
respuesta a las preguntas filosóficas, pero que los seres humanos no serían
capaces de encontrar respuestas seguras
a los misterios de la naturaleza y del universo. ese punto de vista se llama
ESCEPTICISMO en Filosofía. Pero los sofistas comenzaron ya a interesarse por
los seres humanos, obligados a vivir en sociedad. Por tanto se interesaron por el ser humano como miembro de una
sociedad.
El
sofista PROTÁGORAS (487 – 420 a. C.) decía que “el hombre es la medida de todas las cosas”, con lo que
quería decir que siempre hay que valorar lo que es malo o bueno, correcto o
equivocado, en relación con las necesidades del hombre. Cuando le preguntó si
creía en los dioses griegos, contestó que “el asunto es complicado y la vida
humana es breve”. A los que como él, no saben pronunciarse con seguridad de si existe o no un dios, los llamamos AGNOSTICOS.
Los
SOFISTAS habían viajado mucho y
habían visto muchos regímenes distintos. De un lugar a otro, de una ciudad a
otra podían cambiar las costumbres y las leyes. En consecuencia, crearon en
Atenas un debate sobre qué era lo que estaba “determinado por la naturaleza y
qué creado por la sociedad”. De esta forma pusieron los cimientos de una
crítica social en la ciudad-estado de Atenas. Así cuando se plantearon si el
pudor a mostrarse desnudo es algo
natural o innato comprobaron que estaba
relacionado con las costumbres de la sociedad.
Así, se crearon debates sin cuento en la sociedad, señalando que no
había “normas absolutas” sobre lo que es correcto o erróneo. Sócrates, por su
parte, intentó demostrar que sí existen algunas normas absolutas o universales.
SOCRATES
Sócrates
(470 – 399 a.C.) es quizás el personaje más enigmático de toda la historia de
la filosofía. Es uno de los filósofos que mas influencia han tenido sobre el
pensamiento europeo, aunque no escribió nada en absoluto.
Nació
en Atenas y pasó la mayor parte de su vida por las calles y las plazas,
conversando con la gente con la que se topaba. Por ser precisamente enigmático y ambiguo, pudo ser
utilizado por corrientes filosóficas muy distintas.
Se
decía de él que era la persona más extraordinaria de su tiempo, y, sin embargo,
fue condenado a muerte.
La
vida de Sócrates se conoce sobre todo a través de Platón, que fue su alumno.
Platón utilizó en muchos de sus diálogos a Sócrates como portavoz. Resulta
difícil en muchas ocasiones delimitar quién es el que habla, si Platón mismo o
Sócrates. este problema surge también con otros personajes históricos que no
dejaron obra escrita, como Jesucristo.
No podemos estar seguros de si pronunció Jesús las palabras que ponen Mateo o
Lucas en su boca.
Pero
es la imagen que nos ha pasado Platón de Sócrates la que ha inspirado a los
pensadores de Occidente durante 2.500
años.
El arte de conversar
Su
objetivo no era enseñar a la gente sino más bien aprender de las personas con
quienes conversaba. En el transcurso de la conversación solía conseguir que el
interlocutor viera los fallos de su razonamiento. Sócrates, a modo de
comadrona, ayudaba a las personas a “parir” la debida comprensión, porque el
verdadero conocimiento debe salir del interior de cada uno. Sólo el
conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento. Todas las
personas pueden llegar a entender las verdades filosóficas cuando utilizan la
razón. Haciéndose el ignorante, obligaba a las personas con que se topaba a
utilizar su sentido común. Es lo que llamamos “ironía socrática”. De ese modo,
podía constantemente señalar los puntos débiles de la manera de pensar de los
atenienses. No es de extrañar que, a la larga, pudiera resultar molesto e
irritante.
Una voz divina
Sócrates
no intentaba incordiar a la gente, pero había algo dentro de él, una “voz
divina” en su interior que no le dejaba elección. Protestaba precisamente
contra tener que participar en la condena a muerte de alguien y se negaba a
delatar a los adversarios políticos. Al final esto le costaría la vida.
En
330 a.C. fue acusado de “introducir nuevos dioses” y de “llevar a la juventud
por caminos equivocados”. Por una escasa minoría fue condenado a muerte por un
jurado de 500 miembros.
Como
valoraba su propia conciencia más que su vida, no quiso suplicar clemencia.
Aseguró que había actuado en bien del Estado y, sin embargo, lo condenaron a
muerte. No fue el único en la historia que ha llegado hasta al final, muriendo
por sus convicciones.
Jesús
y Sócrates tienen muchos puntos en común. Los dos eran maestros en el arte de
conversar, ninguno de los dos dejó nada escrito. Los dos pensaban que hablaban
en nombre e algo mayor que ellos
mismos. Desafiaron a los poderosos de la sociedad, criticando la injusticia y
el abuso de poder. Y finalmente esto les costó la vida. Tampoco pidió clemencia
ninguno de los dos, aunque eso podría haberlos salvado.
Un comodín en Atenas
Sócrates
vivió en tiempo de los sofistas. Como ellos, se interesó más por los seres
humanos y por su vida que por los problemas de los filósofos de la naturaleza.
El
no se consideraba sofista, es decir, una persona instruida o sabia. Ni cobraba
dinero por la enseñanza, al contrario que los sofistas. Sócrates se llamaba
“filósofo” en el verdadero sentido de la palabra: “uno que busca conseguir
sabiduría”. Un verdadero filósofo sabe que en realidad sabe muy poco y por eso
precisamente intenta conseguir nuevos conocimientos. Sócrates dijo que sólo
sabía que no sabía nada.
Era,
pues, de esa clase de personas que ni están entre las que están seguras de saberlo
todo ni las otras, las que se muestran indiferentes. Sócrates se encuentra como
un comodín en medio de esas dos partes de la baraja: Buscaba conocimientos
ciertos porque sólo sabía que no sabía nada.
Para
Sócrates era muy importante encontrar una base segura para nuestro
conocimiento. Esta base se encuentra en la razón del hombre. De este modo, con
su fuerte fe en la razón del ser humano, fue un típico racionalista.
Un conocimiento correcto conduce a acciones correctas.
Para
Sócrates conocimientos correctos conducen a acciones correctas. Y sólo el que
hace esto se convierte en un ser correcto. “Quien sepa lo que es bueno, también
hará el bien”, decía. Cuando actuamos mal es porque desconocemos otra cosa. Por
eso es tan importante que aumentemos nuestros conocimientos. Sócrates estaba
buscando precisamente definiciones claras y universales de lo que estaba bien y
de lo que estaba mal. La capacidad de distinguir entre lo que esta bien y lo
que esta mal se encuentra en la razón, no en la sociedad, como decían los
sofistas. Sócrates pensaba que era imposible ser feliz si uno actúa en contra de sus convicciones. Por eso,
quien sabe lo que está bien también hará el bien, pues ninguna persona querrá
ser infeliz.
PLATON
Platón
tenía 29 años cuando a Sócrates le obligaron a vaciar la copa de veneno. Era
discípulo de Sócrates desde hacía mucho tiempo, y siguió el proceso contra éste
muy de cerca. El que Atenas fuera capaz de condenar a muerte a su ciudadano más
noble decidiría la dirección que tomaría toda su actividad filosófica. Para
Platón, la muerte de Sócrates fue una clara expresión del contraste que puede
haber entre la situación fáctica de la
sociedad y lo que es verdadero o ideal. La primera intervención de Platón fue
publicar el discurso de la defensa de Sócrates, en que se refiere lo que
Sócrates dijo al jurado.
Platón
fundó su propia escuela de filosofía fuera de Atenas. Tomó el nombre de
Academia por situarla en una arboleda dedicada al héroe mitológico Academo. La
conservación de la mayoría de los escritos de Platón se debe a que su Academia
estaba justamente fuera de Atenas. Allí se enseñaba Filosofía, matemáticas y
gimnasia, aunque la conversación viva también era muy interesante. No es
casual, pues, que el “Diálogo” fuera la forma habitual escrita de Platón.
A
Platón le interesaba la relación entre lo eterno y lo inalterable, por un lado,
y lo que fluye, por el otro. Exactamente igual que a los presocráticos. Más
tarde los sofistas y el mismo Sócrates abandonaron las cuestiones de la
filosofía de la naturaleza, para interesarse más por el ser humano y la
sociedad.
También
es verdad que los sofistas y a Sócrates se interesaban por la relación entre lo
eterno y permanente y lo que fluye. Pero eso fue en lo que hace a la moral de
los seres humanos y a los ideales o virtudes de la sociedad. Los sofistas
pensaban que lo que es bueno o malo es algo que “fluye”, que cambia de ciudad
en ciudad. Sócrates, en cambio opinaba que había unas reglas básicas y eternas que determinaban lo que era bueno
o malo. Mediante la razón podemos llegar a conocer todos los humanos esas normas inmutables, ya que la razón es
algo eterno e inmutable.
A
Platón le interesaba lo que es eterno e inmutable en la naturaleza y lo que es
eterno e inmutable en cuanto a la moral y a la sociedad. Platón intenta captar una “realidad” eterna
e inmutable. El proyecto filosófico de Platón intentará señalar lo que es
eternamente verdadero, hermoso y bueno.
El mundo de las ideas
Tanto
Empédocles como Demócrito señalaron que todos los fenómenos de la naturaleza
fluyen, pero que tiene que haber algo que nunca cambie (las “cuatro raíces” o
los “átomos”).
Platón
opinaba que todo lo que podemos tocar y sentir en la naturaleza fluye. Es
decir, no existen unas pocas “materias primarias” que no se disuelven.
Absolutamente todo lo que pertenece al mundo de los “sentidos” está formado por una materia que se desgasta
con el tiempo, pero, a la vez, todo está hecho con un molde eterno e inmutable.
Pero ese eterno no es una “materia primaria” física. Lo que es inmutable son
los modelos espirituales o abstractos, a cuya imagen algo está modelado.
Para
los presocráticos había en la naturaleza unas partes mínimas que no cambian,
que son eternas e inmutables y no se disuelven, una especie de piezas de lego,
que naturalmente no forman un objeto previamente diseñado cuando se desmontan y
revuelven. Si se quiere montar la misma figura ha de ser tu Idea la que
resuelva el problema. Ese molde que permite construir algo nuevo o repetir algo
ya construido antes son las Ideas. En conclusión, Platón pensaba que tenía que
haber una realidad detrás del “mundo de
los sentidos”, y a esta realidad la llamó “el mundo de las Ideas”. Es lo que
constituye la teoría de las “Ideas” de Platón.
El conocimiento seguro
¿Existen
tales modelos en una realidad completamente diferente? En algunos de sus
diálogos hay que entenderlo así. Platón piensa que nada de lo que existe en el
mundo de los sentidos permanece. Y no podemos saber nada con seguridad sobre
algo que cambia constantemente. Sobre lo que pertenece al mundo de los sentidos
sólo podemos tener ideas o hipótesis poco seguras. Sólo podemos tener
conocimientos seguros de aquello que vemos con la razón, porque la razón es la
misma para todas las personas. La razón es eterna y universal precisamente
porque sólo se pronuncia sobre asuntos eternos y universales. A Platón le
interesaban las relaciones matemáticas precisamente porque jamás cambian.
Sólo
podemos tener ideas vagas sobre lo que sentimos, pero sí podemos tener conocimientos
ciertos sobre lo que reconocemos con la razón. La idea de “caballo”, por
ejemplo, tendrá cuatro patas, aunque todos los caballos del mundo se volviesen
cojos.
Un alma inmortal
El
mundo de las Ideas no puede reconocerse con los sentidos. Las Ideas son eternas
e inmutables. En el mundo de los sentidos todo “fluye”, nada permanece.
El
ser humano está también dividido en dos partes: Un cuerpo que “fluye”
indisolublemente ligado a los sentidos, pero también tenemos un alma inmortal,
que es la morada de la razón. El alma, al no ser material, puede ver el mundo
de las Ideas. Platón pensaba que el alma ya existía antes de meterse en un
cuerpo. Cuando el alma se despierta dentro de un cuerpo humano, se ha olvidado
ya de las Ideas perfectas. Pero se inicia un proceso maravilloso, se despierta
también una añoranza de regresar a la verdadera morada del alma. A esa añoranza
la llama “Eros”. Es decir, el alma siente una “añoranza amorosa” por su verdadero origen. Sobre las alas del
amor volará el alma a casa, al mundo de las Ideas, donde será librada de la
cárcel del cuerpo. Pero no todos permiten que el alma inicie ese viaje de
retorno al mundo de las Ideas.
Todos
los fenómenos de la naturaleza son solamente sombras de los moldes o ideas
eternas. Y muchos ser humanos se quedan satisfechos en esa vida de sombras.
El camino que sube de la oscuridad de la caverna.
Hay
que imaginarse a unas personas que habitan una caverna subterránea y que están
sentadas de espaldas a la entrada, atadas de pies y manos, de forma que sólo pueden mirar hacia la
pared de la caverna. Detrás de ellas, hay un muro alto, y por detrás del muro
caminan unos seres que se asemejan a las personas. Levantan diversas figuras
por encima del borde del muro. Detrás
de estas figuras arde una hoguera, por lo que se dibujan las sombras llameantes
contra la pared de la caverna. Lo único que pueden ver esos moradores de la caverna es ese “teatro de sombras”. Han estado
sentados en la misma postura desde que nacieron, y creen, por tanto, que las
sombras son lo único que existe.
Hemos
de imaginar ahora que uno de los habitantes de la caverna empieza a preguntarse
de dónde vienen todas esas sombras de la pared
de la caverna y, al final, consigue soltarse.
Cuando
se vuelva hacia las figuras que son sostenidas
por detrás del muro, lo primero que ocurrirá es que la fuerte luz le
cegará. también le cegarán las figuras nítidas, ya que hasta ese momento, sólo
había visto las sombras de las mismas.
Si consiguiera atravesar el muro y el fuego,
y salir a la naturaleza, fuera de la caverna, la luz le cegaría aún más.
Pero después de unos momentos se daría cuenta de la belleza de todo. Por
primera vez vería colores y siluetas verdaderas. Vería verdaderos animales y
flores y se preguntaría a si mismo de dónde vienen todos los animales y flores.
Vería el sol del cielo, y comprendería que es el sol el que da vida a las
flores y animales de la naturaleza, de la misma forma que podía ver las sombras
dentro de la caverna gracias a la hoguera. Ahora ese feliz morador podría irse
corriendo a la naturaleza a celebrar su libertad recobrada, pero se acuerda de
los que quedan abajo en la caverna. Por eso vuelve a bajar e intenta convencer
a los demás de que las imágenes de la pared son sólo cosas centelleantes de las cosas reales. Pero nadie le cree.
Señalan la pared de la caverna, diciendo que todo lo que hay es lo que allí ven. Al final lo matan.
Lo
que Platón describe en el mito de la caverna es el camino que recorre el
filósofo desde los conceptos vagos hasta las verdaderas Ideas que se encuentran
en los fenómenos de la naturaleza. A Sócrates le mataron los “moradores de
la caverna” porque hurgaba en sus ideas habituales, queriendo enseñarles el
camino hacia la verdadera sabiduría. Platón señala que la relación entre la
oscuridad de la caverna y la naturaleza exterior corresponde a la relación entre los moldes de la naturaleza y el
mundo de las Ideas. La Naturaleza es triste y oscura comparada con el mundo
claro de las Ideas.
El Estado filosófico
El
mito de la caverna lo encontramos en el diálogo de la “La República”, en que nos proporciona una imagen del “Estado
ideal”, un “Estado utópico”. El Estado debería ser gobernado por los filósofos.
Y toma como punto de partida la composición del ser humano. Este está dividido
en cabeza, pecho y vientre, correspondiendo a cada parte una habilidad del
alma: A la cabeza pertenece la razón, al pecho la voluntad, y al vientre el
deseo. A cada una de las tres
debilidades le pertenece un ideal o “virtud”: La razón debe aspirar a la
sabiduría, la voluntad debe mostrar valor, y al deseo hay que frenarlo para que
muestre moderación. Cuando las tres partes funcionan como un conjunto completo
éste resulta armonioso.
De
la misma forma se imagina el Estado: El estado tiene gobernantes, soldados y
productores. Y un Estado “justo” es aquel en que cada uno reconoce su lugar en
el conjunto.
Su
filosofía del Estado es racionalista, como el resto de su filosofía. Un buen
Estado debe ser gobernado por la razón, es decir por los filósofos.
Su
Estado ideal recuerda al sistema hindú de castas: sacerdotes, guerreros y
productores.
Hoy
en día el estado de Platón podría calificársele de “totalitario”. Pero él
opinaba que las mujeres podían ser gobernantes del Estado, al igual que los hombres,
precisamente porque están dotadas de razón lo mismo que los hombres, si reciben
la misma enseñanza y son liberadas de cuidar a los niños y de las tareas
domésticas. Platón quería suprimir la familia y la propiedad privada para los
gobernantes y soldados del Estado. La educación de los niños debía ser
responsabilidad del Estado.
Tras
haber vivido grandes desilusiones políticas, Platón escribió el diálogo “Las
Leyes”, en el que describe el estado legal
como el segundo mejor Estado.
Ahora se muestra a favor de la propiedad privada y las ataduras
familiares. Y aunque así reduzca la libertad de la mujer, el Estado debe
entrenarlas y educarlas.
Su
visión de las mujeres es en general positiva, al menos si tenemos en cuenta la
época en que vivió. En el diálogo “El banquete” es una mujer, Diotima, la que
proporciona conocimientos filosóficos.
Amor platónico
“Amor platónico es una
expresión que, en su uso común, pretende referirse a la visión filosófica que
tuvo Platón acerca del amor, aunque se la malinterpreta por completo
(cf. El banquete). Esta
denominación popular tiene como significado el amor no correspondido o
imposible que, por ello, persiste como un ideal, inalcanzable. Esto, sin
embargo, es radicalmente diferente de la concepción platónica del eros o amor,
y constituye una vulgarización inaceptable de su teoría (basta leer el diálogo "El banquete" o "El
simposio" para comprobarlo).
Propiamente
hablando, y según la filosofía de Platón, tal como él se expresa al respecto en
la obra El banquete, el amor es
la motivación o impulso que lleva al conocimiento de la Forma de la Belleza, así como a la contemplación de la misma.
Esta orientación se produce en un proceso gradual que comienza con la
apreciación de la apariencia de la belleza en una persona (i. e., la belleza
puramente física), continúa con la belleza física en general, y luego avanza
hacia la apreciación de la belleza espiritual (la del carácter, la del alma),
la de la belleza de las leyes y las costumbres en la sociedad, la que se
encuentra en las artes y las ciencias, etc. Todos estos pasos deben finalmente
superarse hasta alcanzar el punto cúlmine del proceso: el conocimiento
apasionado, puro, y desinteresado, de la esencia de la Belleza en-sí, que se
mantiene incorruptible y siempre igual a sí misma, el conocimiento de la Idea
de la Belleza en cuanto es lo único que es bello en sí mismo y por sí mismo, y
en cuanto aquello que es causa de que todo lo bello sea bello. En esto consiste
la "idealidad" del amor platónico: no en tener un amor inalcanzable,
sino en amar las Formas o Ideas eternas, inteligibles, y perfectas. No hay en
absoluto elementos sexuales, sencillamente porque el auténtico amor para Platón
no es el que se dirige a una persona sino el que se orienta hacia la esencia
trascendente de la Belleza en-sí.
El concepto
moderno de amor platónico fue desarrollado en las investigaciones que Marsilio
Ficino llevó a cabo al sintetizar el platonismo en la época Renacentista, por orden de Cósimo de Médici, gobernante
de Florencia. «Su “neoplatonismo”
se basó en dos ideas fundamentales: la jerarquía neoplatónica de las sustancias
y la teoría del amor espiritual. La primera postulaba la idea de una jerarquía
de las sustancias, o de una gran cadena de seres, desde la forma más baja de la
materia física (las plantas), hasta el más puro espíritu (Demiurgo, el dios de
Platón), en la cual los humanos ocupaban una posición central, o intermedia.
Eran el vínculo entre el mundo material y el mundo espiritual, y su supremo
deber era ascender hacia la unión con el Demiurgo, la cual, constituía el
verdadero fin de la existencia humana. La teoría de Ficino respecto al amor
platónico, o espiritual, afirmaba que, al igual que la gente está unida en su
común humanidad gracias al amor, de esa misma forma todas las partes del
universo se mantienen unidas por los lazos del amor compasivo» (Spielvogel,
2003). Lo anterior, basándose en los Diálogos de Platón ” (From
Wikipedia)
ARISTOTELES
ARISTÓTELES
(384-322) fue discípulo de Platón y
fue el primero en ponerle objeciones a la teoría de las Ideas de Platón.
No
era ateniense, pues procedía de Macedonia y llegó a la Academia de Platón a los
61 años. Hijo de un reconocido médico griego, lo que más le preocupaba era la
naturaleza viva. Fue también el primer gran biólogo de Europa.
Platón
estuvo tan preocupado con los “moldes” o “Ideas eternas”, que no había reparado
en los cambios de la naturaleza. Aristóteles se interesó precisamente por esos
cambios o “procesos de la naturaleza”. Platón dio la espalda al mundo de los
sentidos captados en la caverna y salir
a contemplar el mundo de las ideas. Aristóteles hizo lo contrario. Si
Platón usó sólo su inteligencia, Aristóteles también usó los sentidos.
Aristóteles se ponía de rodillas en tierra para estudiar peces y ranas. Si
Platón era un poeta y creador de mitos, Aristóteles se basa en la naturaleza y
su estilo escrito es árido y minucioso.
Se
habla de 170 títulos de sus obras o apuntes, de los que se conservan 47. Y no
son libros acabados sino una especie de apuntes para las lecciones. Su
importancia se debe también al hecho de que él fue quien creó el lenguaje
profesional de las distintas ciencias. Fue el gran sistematizador. Escribió
sobre todas las ciencias.
En
cuanto a su rechazo a la teoría de las Ideas de Platón, lo que hace es basarse
en los filósofos de la NATURALEZA anteriores a el y lo resumió. Es también el
fundador de la Lógica como ciencia.
No hay Ideas innatas
Aristóteles
pensaba que Platón había dado la vuelta a todo. Estaba de acuerdo con él en que
el “molde de caballo” es eterno e inmutable, y que el caballo como ser
individual “fluye”. Pero la “idea de caballo” es sólo un concepto humano
formado después de ver un cierto número de caballos. Eso quiere decir que la
“idea” o “forma” del caballo no existe en sí. La “forma” de caballo es para
Aristóteles las cualidades del caballo o lo que hoy en día llamamos “especie”:
lo que es común a todos los caballos. Para él las formas de las cosas son como
las cualidades específicas de las cosas. La idea de “gallina” no es anterior a
la gallina. Lo que Aristóteles llama “forma de gallina” está presente en todas
las gallinas como cualidades específicas de ella. Así considerado, la “forma de
gallina” y la propia gallina son tan inseparables como el alma del cuerpo.
Para
Aristóteles es igual de evidente que el mayor grado de realidad es lo que
sentimos con los sentidos como era
evidente para Platón que el mayor grado
de realidad es lo que pensamos con la razón. Lo que hay en el alma humana son
meros reflejos de algo que existe de un modo más real en el mundo de las Ideas,
y con eso también en el alma del ser humano. Según Aristóteles, Platón quedó
anclado en una visión mítica del mundo, en la que los conceptos del hombre se confunden con el mundo real. Aristóteles
pensaba que todo lo que tenemos dentro de los pensamientos e ideas ha
entrado en nuestra conciencia a través
de lo que hemos visto y oído. Pero también tenemos una razón innata con
la que nacemos. Tenemos una capacidad innata para ordenar todas nuestras sensaciones.
Así es como surgen los conceptos: piedra, planta, animal, hombre, o los de
caballo, gallina, pájaro. Y aunque es la razón la característica más destacada
del ser humano, nuestra inteligencia está totalmente vacía antes de que
sintamos algo. Por lo tanto el ser humano no puede nacer con idea alguna.
Las formas son las cualidades de las cosas
Aristóteles
constata que la realidad está compuesta de una serie de cosas individuales que
constituyen un conjunto de materia y forma. La “materia” es el material
del que esta hecha una cosa y la “forma” son las cualidades específicas de las
cosas. La materia se esfuerza por hacer realidad una posibilidad inherente.
Cada cambio es una transformación de la materia de posibilidad a realidad. Todas las cosas en la naturaleza tienen
la posibilidad inherente de realizar o concluir una determinada forma: El
bloque de granito que utilizó Miguel Ángel tenía la posibilidad de convertirse
en un caballo o en el David, diríamos siguiendo el esquema mental de Aristóteles.
Pero la forma de una cosa nos dice algo sobre la naturaleza de la cosa, así
como las limitaciones de la misma. Un huevo de gallina puede convertirse en
gallina o en huevo para el desayuno, pero no tiene la posibilidad de
convertirse en ganso.
La causa final
Aristóteles
tenía una visión particular de las relaciones causa – efecto. Pensaba que hay
varias clases de causa en la naturaleza. Menciona cuatro causas diferentes. Lo
más importante es definir lo que él entiende como “causa final”, porque esto se
daba también en los procesos de la naturaleza completamente inanimados, de
forma que atribuye a las gotas de agua una tarea o función, o una intención:
llueve porque las plantas y animales necesitan el agua de la lluvia para
crecer. La “causa material” es el vapor de agua en las nubes. La cusa eficiente es que se enfría el vapor
de agua. La causa formal es que la “forma” o la naturaleza del agua es caer al
suelo. En este aspecto de las causas parece que se equivocó Aristóteles. Al
menos, la ciencia hoy en dia no piensa así.
Lógica
La
distinción entre “forma” y “materia” juega un papel importante también cuando
Aristóteles se dispone a describir cómo los seres humanos reconocen las cosas
del mundo. Lo que es común a todos los caballos es la “forma” del caballo. Lo
que es individual o diferente pertenece a la materia del caballo.
De
esta forma clasificamos las cosas: distinguimos entre cosas hechas de piedra,
cosas hechas de lana o de caucho. Distinguimos entre cosas vivas y cosas
muertas, y también entre plantas, animales, y seres humanos. Demostró que todas
las cosas en la naturaleza pertenecen a determinados grupos y subgrupos.
Aristóteles
fue un hombre meticuloso que piso poner orden en los conceptos de los seres
humanos. De esa manera sería él quien creara la Lógica como ciencia. Su lógica
se basa en la relación entre conceptos.
La escala de la naturaleza
Al
dividir Aristóteles los fenómenos de la naturaleza en varios grupos, parte de
las cualidades de las cosas; más concretamente de lo que saben o de lo que
hacen.
Todas
las cosas vivas (plantas, animales y
seres humanos) saben tomar alimento, crecer y procrear. Todos los seres vivos
también tienen la capacidad de sentir el mundo de su entorno y de moverse en la
naturaleza. Todos los seres humanos tienen además la capacidad de penar, o, en
otras palabras, de ordenar sus sensaciones en varios grupos y clases.
Así
resulta que no hay límites muy definidos en la naturaleza. Se registra una
transición más bien difusa de plantas simples a animales más complicados. En la
parte superior de esta escala está el ser humano, que, según Aristóteles, vive
toda la vida de la naturaleza, pues aparte de compartir otros atributos, tiene
la capacidad de pensar racionalmente. Por ello, el ser humano tiene una chispa de
la naturaleza divina. Aristóteles señala que tiene que haber un dios que haya
puesto en marcha todos los movimientos de la
naturaleza, y es la cima absoluta de la escala de la naturaleza. A ese
“algo” que pone en marcha los movimientos de los astros lo llama primer motor o
dios. Ese “primer motor” es la causa primera de los movimientos de los astros y
de todos los movimientos de la tierra.
Ética
La
“forma” del ser humano es, según Aristóteles, que tiene un alma vegetal, un
alma animal, así como un alma racional. El ser humano sólo será feliz si
utiliza todas sus capacidades y posibilidades. Hay tres clases de felicidad. La
primera es una vida de placeres y diversiones. La segunda, vivir como un
ciudadano libre y responsable. La tercera, una vida en la que uno es filósofo o
investigador. Las tres condiciones tienen que existir simultáneamente para que
el ser humano pueda vivir feliz . Se debe cultivar el cuerpo y la cabeza de
forma armónica.
Tanto
la ética de Platón como la de Aristóteles se remiten a la ciencia médica
griega: únicamente mediante el
equilibrio y la moderación será una
persona feliz o en armonía.
También
en lo que se refiere a la relación con otros hombres, Aristóteles señala un
“justo medio” en cuanto al valor y la generosidad.
Política
El
ser humano es un “animal político”. Sin la sociedad que nos rodea no somos
seres verdaderos. La familia y el pueblo cubren necesidades vitales inferiores,
pero sólo el estado puede cubrir la mejor organización de comunidad humana.
En
cuanto a la organización del Estado, menciona varias formas: Una es la
monarquía, que debe evitar la tiranía para ser aceptable. Otra buena forma de
Estado es la aristocracia. En una aristocracia hay un grupo mayor o menor de
jefes de Estado. Esta forma debe cuidarse de no caer en la oligarquía, o en
Junta. A la tercera buena forma la llamó democracia, pero debe evitar caer en
una demagogia: Así, en el mundo más actual todos los pequeños nazis podrían
haber creado una demagogia aunque Hitler no hubiese sido Jefe del estado
alemán.
En
cuanto a la opinión que tenía de la mujer, Aristóteles pensaba que a la mujer
“le faltaba algo”. Era un “hombre incompleto”. En la procreación, la mujer
sería pasiva y receptora, mientras el hombre sería el activo. Un niño sólo
hereda las cualidades de su padre, siendo la mujer como la tierra, que gesta la
semilla. El hombre da la “forma” y la mujer contribuye con la “materia”.
Es
de lamentar su ignorancia en este punto. Y su visión es que llegaría a domina
durante toda la Edad Media. De esta forma, la Iglesia heredó una visión de la
mujer sin ninguna base en la Biblia.
Pero
que se viviera 18 siglos de lo que dijo Aristóteles sólo demuestra la poca
capacidad de nuestros ancestros, posteriores a él y que habían cruzado animales
para obtener mejores razas durante milenios, obteniendo una mezcla de las
cualidades de la hembra y el macho, no sólo del macho.
II.- DE LA
EDAD MEDIA A LA MODERNIDAD
I. LA EDAD
MEDIA
El
año 313 el Cristianismo era ya una religión aceptada en el Imperio Romano, bajo
el reinado del Emperador Constantino, que se dejó bautizar en su lecho de
muerte muchos años después. Desde el 380 el Cristianismo fue la Religión del
estado en todo el Imperio Romano. Para esa época ya había comenzado a
derrumbarse. Y este es uno de los cambios culturales más importantes de toda la
Historia. Alrededor del 300, Roma estaba amenazada tanto por las tribus que
llegaban desde el Norte como afectado ya por una disolución interna. En el año
330 el Emperador Constantino traslada la capital del Imperio Romano a
Constantinopla, una ciudad a la entrada del Mar Negro que él mismo había
fundado. Esta ciudad era la “nueva Roma” tal como la consideraban algunos.
En
el año 395 el Imperio Romano fue dividido en dos: el imperio romano occidental,
con Roma en el centro, y el imperio romano oriental, con la nueva ciudad de
Constantinopla como capital.
En
el año 410 Roma fue saqueada por pueblos bárbaros, y en el 476 todo el estado
romano occidental pereció. El Impero Romano oriental subsistió como Estado
hasta el año 1453, en que los turcos conquistaron Constantinopla, la moderna
Estambul.
En
el 529 la Iglesia cerró la Escuela de Platón en Atenas. En ese mismo año se
fundó la primera gran orden religiosa de los Benedictinos. De esta manera la Iglesia
cristiana se sobre impuso a la filosofía griega, y fueron los conventos los que
tuvieron el monopolio de la enseñanza, la reflexión y la contemplación.
La
“Edad Media” es en realidad un período de tiempo entre dos épocas. Es una
expresión que surgió en el Renacimiento, bajo la consideración de que la Edad
Media había sido como una “larga noche de mil años” que había “enterrado” a
Europa entre la Antigüedad y el renacimiento.
La expresión “medieval” se usa todavía hoy en sentido peyorativo como
expresión de todo lo que es autoritario y rígido. Pero otros han considerado la
Edad Media como un “tiempo de mil años de crecimiento”.
Fu
en la Edad Media cuando comenzó a configurarse el sistema escolar. Ya a
principios de la época surgieron las primeras escuelas en los conventos. Y a
partir del año 1100 contó con la escuelas de las catedrales y alrededor del
1200 se fundaron las primeras universidades. Todavía hoy las materias están
divididas en diferentes grupos o “facultades”, como en la Edad Media.
Pero
el Cristianismo necesitó tiempo para penetrar
en el pueblo. En ese largo transcurso de la Edad Media se fueron
desarrollando también las diferentes naciones, con ciudades y castillos, música
y poesía populares. Y la resonancia que tienen los nombres de Inglaterra,
Alemania o N Noruega se encuentra en esta inmensa profundidad que se llama la Edad Media. En esa
profundidad encontramos a Olaf el santo y Carlomagno, y un montón de apuestos
príncipes y majestuosos reyes , valientes caballeros andantes y bellas
doncellas, vidrieros anónimos y constructores geniales de órganos.
El
Cristianismo no llegó a Noruega hasta el año 1000, pero no puede decirse que
toda Noruega se convirtiera en país cristiano después de la batalla de
Stklestad, de 1030. Las antiguas ideas paganas se mezclaron con elementos
cristianos, como vemos, por ejemplo, en la celebración de la Navidad noruega. Pero en cuanto a lo que se refiere
al concepto de vida, el cristianismo comenzaba a dominar poco a poco, hasta el
punto de que hablamos de la Edad Media
como una “cultura cristiana
unitaria”.
Los
primeros siglos después del 400 fueron años de decadencia cultural . Los
tiempos de los Romanos habían sido una época
de mucha cultura, con grandes ciudades que tenían sus sistema públicos de
cloacas, baños y bibliotecas, así como una grandiosa arquitectura. En los
primeros siglos de la Edad Media se desintegró toda esta cultura en lo que se
refiere al comercio y a la economía monetaria. En la Edad Media se volvió a una
economía en especie, una economía de intercambio. Y a partir de ese momento
también la economía comenzó a caracterizarse por lo que llamamos feudalismo:
algunos importantes señores feudales eran propietarios de la tierra que los
campesinos tenían que trabajar para ganarse el sustento. También la población
disminuyó fuertemente durante aquellos primeros siglos. Si en la Antigüedad
Roma llegaba al millón de habitantes, en el año 600 su población había
descendido a 40.000. De modo que una modesta población andaba entre los restos de
edificios majestuosos de los tiempos gloriosos de esta ciudad venida a menos.
Sus materiales de construcción los tenía muy cerca, y de esta forma fueron
desmontando edificios majestuosos de la Antigüedad para reaprovecharlos como
materia de obra.
La
importancia política de Roma acabó ya hacia finales del siglo IV, fecha en que
el obispo de Roma pronto se convertiría en la cabeza de toda la Iglesia romana, y recibió el nombre de “Papa”, o
“Padre”, y poco a poco fue considerado el vicario de Jesús en la Tierra. Roma
funcionó como capital cristiana durante casi toda la Edad Media, si bien poco a
poco algunos príncipes de los nuevos Estados nacionales se atrevieron a
oponerse al gran poder de la Iglesia.
A
partir de cerrarse la Escuela de Atenas no todos los filósofos griegos fueron
olvidados. Se conocían algunos escritos de Aristóteles y Platón. Pero el
Imperio Romano se iba dividiendo en tres zonas culturales, de forma que en
Europa occidental tuvimos una cultura cristiana de lengua latina, con Roma como
capital. En Europa Oriental surgió una cultura cristiana de lengua griega, con
Constantinopla como capital, que más tarde adquiriría el nombre de BIZANCIO. De
esta manera, hablamos de una Edad Media bizantina, a diferencia de la Edad
Media católica romana. El norte de
África y el Oriente Medio, que habían pertenecido al Imperio Romano, desarrolló
una cultura musulmana de lengua árabe. Tras la muerte de Mahoma en 632, el
Oriente Medio y el norte de África fueron conquistados por el Islam. Pronto
también España sería incorporada a la región cultural musulmana, con centros
tan sagrados como La Meca, Medina, Jerusalén y Bagdad. Los árabes también se
quedaron con la ciudad helénica de Alejandría. Y de esta forma, gran parte de
la ciencia griega fue heredada por los
árabes, quienes durante toda la Edad Media fueron los más importantes en ciencias tales como las matemáticas, química, astronomía o medicina. En varios
campos la cultura árabe fue superior a
la cultura griega.
A
finales de la Edad Media la cultura grecorromana se perpetuó en la cultura
católica romana en el Oeste, en parte a través de la cultural oriental en el
este con Platón como faro, y en parte a través de la cultura árabe en el Sur,
teniendo a Aristóteles como maestro. A finales de la Edad Media estos tres
grandes ríos de ideas se vuelven a unir en el Norte de Italia, a donde les
llegó la influencia árabe a través de España, y la griega de Grecia y Bizancio.
Así comenzará el Renacimiento de la
cultura antigua.
Pues
bien, los filósofos de la Edad Media dieron por sentado que el cristianismo era
lo verdadero. La cuestión que se planteaba era si había que creer en los
milagros cristianos o si también era
posible acercarse a las verdades cristianas mediante la razón. ¿Eran
compatibles la fe y la razón? Casi toda la filosofía medieval versó sobre este
problema.
El
problema se planteó ya con SAN AGUSTÍN (351-430). En su vida podemos estudiar
la transición entre la Antigüedad tardía y el comienzo de la Edad media. San
Agustín nació en la pequeña ciudad de Tagaste, en el norte de África, pero a
los 16 años fue a estudiar a Cartago. Más tarde viajó a Roma y Milán, y sus
últimos años los vivió como obispo en la ciudad de Hipona, a unas millas al
Oeste de Cartago.
Pues
bien, san Agustín pasó por muchas religiones y corrientes filosóficas antes de
convertirse al cristianismo. Al principio fue maniqueo, una secta muy típica de
la Antigüedad tardía. Era una doctrina de salvación mitad religiosa, mitad
filosófica. La idea es que el mundo está dividido entre el bien y el mal., en
luz y oscuridad, espíritu y materia. Con el espíritu las personas podían
elevarse por encima del mundo de la materia y así poner las bases para la salvación del alma. Esta filosofía
no llegó a convencerle.
De
joven, interesado en el “problema del mal” y su origen, y en la distinción
entre el bien y el mal, estuvo influenciado por la filosofía estoica, y según
los estoicos no existía esa fuerte separación entre el bien y el mal. Pero
además estuvo influido por el Neoplatonismo, la otra tendencia filosófica
importante de la Antigüedad tardía, y cuya tesis principal es la idea de que
toda existencia tiene una naturaleza divina.
Cuando
se convirtió en cristiano, su cristianismo tenía fuertes rasgos de la forma de
pensar y razonar del platonismo. De esta forma gran parte de la cultura griega
fue llevada a la nueva época a través de los Padres de la Iglesia como San
Agustín. Para San Agustín no había gran diferencia entre el cristianismo y la
filosofía de Platón. Se preguntaba incluso si Platón no habría conocido partes
del Antiguo Testamento. Podemos decir que fue San Agustín el que cristianizó a
Platón. Pero pensaba que la razón sólo puede llegar hasta unos límites. Y lo
mismo habría que decir de la Filosofía. De esta forma, el siguiente paso fue
considerar el Cristianismo como un misterio divido al que sólo nos podemos
acercar a través de la fe, pero si creemos en el Cristianismo, Dios “iluminará”
nuestra alma para que consigamos unos conocimientos sobrenaturales de Dios.
La conciliación que San Agustín hace de la teoría de las Ideas de Platón
es la siguiente: Dios creó el mundo de la nada, pero antes de crear el mundo
las “ideas” existían en los pensamientos de Dios. De esta manera incorporó las
ideas platónicas en Dios, salvando así el escollo de las ideas eternas.
Todo
esto demuestra el afán de los Padres de
la Iglesia, y San Agustín entre ellos, por unificar la manera de pensar
judía con la griega. Eran ciudadanos de
dos culturas. También en la problemática del mal, san Agustín recurre al
neoplatonismo. Opina, como Plotino, que el mal es “la ausencia de Dios”. El mal
no tiene una existencia propia, es algo que no es. La Creación de Dios es en
realidad sólo buena. El mal se debe a la desobediencia de los hombres, pensaba
San Agustín: “La buena voluntad es obra de Dios, la mala voluntad es desviarse
de la obra de Dios”. Hay un abismo infranqueable entre Dios y el mundo y en
este punto rechaza la idea de Plotino de que todo es UNO. Pero también subraya
que el ser humano es un ser espiritual. Tiene cuerpo material, que pertenece al
mundo físico, pero también un alma que puede reconocer a Dios. Cuando morimos,
a pesar de que toda la humanidad entró en la perdición después del pecado original, Dios ha determinado que
algunos seres humanos serán salvados de la perdición eterna.
La
idea de san Agustín es que ningún ser humano se merece la salvación de Dios. Y
sin embargo Dios ha elegido a algunos que se salvarán de la perdición. Y lo
tiene decidido de antemano. Somos arcilla en la mano de Dios, y dependemos
enteramente de su misericordia. Hay un amago de volver a la vieja fe en el destino. Y encuentra respaldo esa idea en un texto de la
Carta de San Pablo a los Romanos, que en sí misma plantearía también problemas,
aunque, vistos otros muchos textos de San Pablo refiriéndose a esto, la
dificultad se diluye en gran medida.
Pero
san Agustín no les quita a los hombres la responsabilidad de sus propias vidas. No niega que tengamos
libre albedrío. Pero Dios ha visto de antemano como vamos a vivir. La
argumentación de San Agustín es en este punto débil, y dará lugar a que este
planteamiento dé problemas en la Edad Moderna también.
Con
la teología de San Agustín nos alejamos de la filosofía de Atenas. Para
Sócrates todos los seres humanos tenían las mismas posibilidades ya que tenían
la misma capacidad de razonar. Pero san Agustín dividió la humanidad en dos
grupos: Uno de los grupos se salvará; el otro se condenará. Y en esto cree apoyarse en la doctrina de la
Biblia sobre la salvación y la perdición. En una gran obra llamada “la Ciudad de Dios” profundiza sobre
este pensamiento. Pero hay que decir que no aparece tan claro en la predicación
original de Jesús.
La
expresión “Ciudad de Dios” o “Reino de Dios” procede de la Biblia y de algunos
textos de la predicación de Jesús en el
Nuevo Testamento, pero hay que distinguir su auténtica predicación de la
teologización que se hizo del problema cuando hubo que conciliarlo con las
ideas venidas de Persia y que ya estaban muy vivas en ciertos ámbitos judío en
tiempos de Jesús.
Pues
bien, san Agustín piensa que la historia trata de la lucha que se libra entre
la “Ciudad de Dios” y la “Ciudad terrena”. Las dos ciudades luchan por el poder
en cada persona. No obstante, la Ciudad de Dios está presente de un modo más o
menos claro en la Iglesia, y la Ciudad terrena en los estados políticos, por
ejemplo en el Imperio Romano, que se desintegró precisamente en tiempos de San
Agustín, lo que le produjo una gran conmoción,
manifestando que la venida de los godos era el castigo divino adecuado.
Esta
idea se fue haciendo cada vez más persistente conforme la Iglesia y el estado
luchaban por el poder a lo largo de la Edad Media. “No existe ninguna salvación
fuera de la Iglesia”, se había dicho ya. La Ciudad de Dios se identificó
finalmente con la Iglesia como organización. Pero hay que decir que tanto la
cosificación de esta frase, al igual que la cosificación del sacramento de la
confesión pertenecen a la evolución consecuente con el pensamiento cultural. La
idea de la misericordia predicada por Jesús se extendía a todos los hombres.
En
cualquier caso, la Ciudad de Dios de
San Agustín se identificó, por tanto, finalmente, con la Iglesia como
“organización” . Hasta la reforma en el siglo XVI, no se protestaría contra la
idea de que el hombre tuviera que pasar
por la Iglesia para recibir la gracia de Dios. Pero también esta tesis en toda
su radicalización es inadecuada y obedece a un rechazo de la práctica de la
Iglesia cuando se politiza paralelamente al hecho de que los Estados
intervienen activamente en esa ideologización: Herencia del cesaro –papismo,
tan conveniente a unas instituciones como a otras.
Una
muestra de ello, nos la dan algunos documentos en que sí recogen la idea de
arrepentimiento efectivo a la hora de redactar el testamento (devolución de lo
robado, compensación por los agravios hechos) a diferencia de la práctica más
común de hacer donaciones en vida para comprarse la salvación del alma. Y en
ello, sí que tuvo la Iglesia, como institución, mucha culpa.
San
Agustín fue el primer filósofo que introdujo la propia Historia en su filosofía
– con más o menos acierto -. La lucha entre el bien y el mal no era en absoluto
algo nuevo. Lo nuevo es que esta lucha se libra dentro de la Historia. Y en
este sentido no hay mucho platonismo en San Agustín. Se diría que se adelanta a
Marx en este punto. Pero su pensamiento está planteado, en principio, en una
visión lineal de la Historia, tal como la encontramos en el Antiguo Testamento.
La idea es que Dios necesita la Historia para realizar la “Ciudad de Dios”. No
podemos, en cambio, atribuirle una visión dialéctica de la marcha de la
Historia. La Historia es necesaria para educar a los hombres y destruir el mal.
La providencia divina conduce la Historia de la Humanidad desde Adán hasta el
final de la Historia.
Hacia
el siglo X son los colegios de los conventos los únicos que se ocupan de la
enseñanza. Entre el X y el XI se fundan las primeras escuelas de las catedrales
y sobre el siglo XII las primeras universidades. Y en el XII y XIII se
construyen las grandes catedrales, expresión del poderío de la Iglesia y de los
Estados cuyos reyes son coronados y ungidos para reinar por derecho divino. Y
esto es herencia calara del cesaro-papismo instaurado ya en el año 800 por
Carlomagno.
Desde
el punto de vista de la Filosofía, la influencia de los árabes también se hizo
notoria. Mantenían una viva tradición aristotélica. Muchos de los escritos de
Aristóteles fueron conocidos y poco a poco traducidos del griego y del árabe al
latín a medida que los eruditos árabes se abrían camino en las cortes del norte
de Italia. Esto hizo despertar un nuevo interés por cuestiones científicas, a
la vez que revivía la polémica sobre la relación entre la revelación cristiana
y la filosofía griega. En los asuntos de Ciencias Naturales ya no se podía
ignorar a Aristóteles.
El
filósofo más grande que surge en ese momento es SANTO TOMAS DE AQUINO
(1225-1274). Filósofo y teólogo, ya que en aquella época no había una verdadera
distinción entre las dos disciplinas, trabajó como profesor de Filosofía en la
Universidad de Paris. Pues bien, Santo Tomás cristianizó a Aristóteles de la
misma manera que San Agustín había cristianizado a Platón al comienzo de la
Edad Media. Lo que tampoco quiere decir que no se conocieran algunas de ideas
de Aristóteles como la distinción entre sustancia y accidentes, tan sentada ya
desde el siglo III. En las iglesias visigóticas se corría una cortina para no
ver el milagro de la transubstanciación durante la misa, no fuera a ser que las
mentes simples comenzaran a sospechar que algo no cuadraba.
Pues
bien, de la sistematización que hizo Tomás de Aquino de Aristóteles habría que decir que los presupuestos
aristotélicos fueron interpretados y explicados de manera que no supusiera una
amenaza contra la doctrina cristiana. El creó la gran síntesis entre la fe y el
saber. Pensaba que no tenía por qué haber contradicción entre la razón o la
filosofía y lo que nos revela la fe. Santo Tomás partía de ciertos dogmas de
fe, a los que sólo tenemos acceso a través de la fe y de la revelación
cristiana. Pero también opinaba que existen una serie de “verdades teológicas
naturales”: Una verdad de este tipo es la que nos dice que hay un Dios, verdad
a la que se llega tanto por la razón como por la revelación, según él. Y en otros casos se complementan y
superponen, como cuando describe el reino animal y el reino vegetal. Dios se ha
revelado al hombre tanto a través de la Biblia como a través de la razón. De
esta forma existe para él una “teología revelada” y una “teología natural” Lo
mismo ocurre con la moral: Podemos distinguir entre el bien y el mal partiendo
de una base natural.
Santo
Tomás adoptó la filosofía de Aristóteles en todos los puntos en que no
contradecía a la fe: Se quedó con la lógica de Aristóteles, su filosofía del
conocimiento, y el de la naturaleza.
Aristóteles
describe una cadena evolutiva que va desde las plantas y animales a los seres
humanos. Esta escala señalaba a un Dios, una especie de cumbre de la existencia,
y se adaptaba fácilmente a la teología cristiana, si bien los consideraba entes
separados en esa cadena evolutiva, claro está.
Desgraciadamente
Tomas de Aquino se quedó también con la idea de que la mujer era algo así como
un ser imperfecto. Opinaba que los hijos sólo heredaban las cualidades del
padre. La mujer es, según el, pasiva y receptiva, el hombre era el activo y el
que daba la forma. Pero es inferior al hombre, según él, sólo físicamente. El
alma de la mujer tiene el mismo valor que el del hombre. En descargo del Tomas
de Aquino, habría que decir que la falta de lógica en este punto fue común
incluso hasta el siglo XIX. Hasta 1827 no se supo que algún mamífero ponía
huevos. El mismo Goethe, con gran vocación naturalista, también creía que la
mujer era sólo receptáculo. No se les pasó tampoco por la mente por qué
mezclaban razas de ovejas para obtener mejoras en la lana. El cruce de animales
para obtener mejores cualidades se conocía desde tiempos remotos. El salto a
los seres humanos fue mucho más despacio: habría que decir que la ignorancia es el resultado de los
prejuicios.
la
Iglesia estaba dominada por los hombres, lo que no quiere decir que no surgiera
alguna mujer pensadora: HILDEGARDA VON BINGEN (1098-1179), monja del valle del
Rhin, fue predicadora, botánica y científica. Podría ser un símbolo de que las
mueres fueron más realistas que los hombres: Entre los judíos y los cristianos
había una creencia que decía que Dios no era sólo hombre, sino que tenía un
lado femenino o una naturaleza “materna”, porque también las mujeres están
creadas a imagen y semejanza de Dios. En griego este lado femenino de Dios se
llama Sophia, que significa “sabiduría”. Tanto entre los judíos, como en la
iglesia ortodoxa Sophia, o la naturaleza materna de Dios, jugó un papel
importante en la Edad Media. En Occidente cayó en el olvido. Entonces llega
Hildegarda y cuenta que Sophia se le
apareció. Iba vestida con una túnica dorada
decorada con valiosas joyas.
II. RENACIMIENTO Y BARROCO
EL RENACIMIENTO
Pocos
años después de la muerte de Santo Tomás de Aquino, la cultura cristiana
comenzó a mostrar sus grietas y la filosofía y la ciencia fueron
independizándose cada vez más de la Teología, contribuyendo así a que la fe
tuviera una relación más libre con la razón. Dios comenzó a verse como algo
inconcebible para el pensamiento, de forma que lo más importante para el hombre
era ahora someterse a la voluntad de Dios pero no intentar comprender el
misterio cristiano. Un nuevo método científico se abría paso, al tiempo que se
fraguaba un nuevo fervor religioso.
Por
Renacimiento entendemos un extenso
florecimiento cultural desde finales del siglo XIV. Comenzando en el Norte de
Italia se extendió enseguida hacia el resto de Europa durante los siglos XV y
XVI. Lo que volvió a nacer fue el arte y la cultura de la antigüedad. Se suele
hablar de “Humanismo renacentista” porque se volvió a colocar al hombre en el
centro en vez de tener primordialmente
una perspectiva divina. Se trataba de volver al humanismo de la
antigüedad. Se puso de moda estudiar griego, lo que facilitó un nuevo estudio
de la cultura griega. Estudiar el humanismo griego proporcionaba una “educación
clásica” y desarrollaba lo que podríamos llamar “cualidades humanas”.
La
brújula, la pólvora y la imprenta
fueron muy importantes para esa nueva época que llamamos “Renacimiento”.
La brújula facilitó la navegación, base de los grandes descubrimientos; la
pólvora fue también esencial militarmente. La imprenta fue importante en cuanto
a la difusión de las nuevas ideas de los humanistas renacentistas, aparte de
contribuir a que la Iglesia perdiera su viejo monopolio. Luego vendrían un
sinfín de nuevos instrumentos: el catalejo, por ejemplo, fue un instrumento
importante para el desarrollo de la astronomía.
Otro
cambio importante que se dio fue la transición de una economía en especie a la
economía monetaria: surgió una burguesía que hizo necesaria una economía
monetaria y una banca. Esta evolución favorecía la dedicación, imaginación y
capacidad creativa del individuo, al tiempo que este mismo avance comenzó a
mostrar también su flancos débiles. Pero esto recuerda cómo la filosofía griega
se desprendió en su momento de una visión mítica del mundo que iba asociada a
la cultura campesina para pasar a una cultura ciudadana. De forma similar, en
el Renacimiento la burguesía comenzó a emanciparse de los señores feudales y
del poder de la Iglesia. Al mismo tiempo la cultura árabe y bizantina confluían
con la griega para formar una nueva visión del hombre. Ahora se consideraba
al ser humano como algo grande y
valioso.
El
Renacimiento se caracteriza por un individualismo mayor que el existente en la
Antigüedad. Había un culto al “genio”. El ideal llegó a ser lo que llamamos un
hombre renacentista, interesado en todos los campos de la vida, el arte y la
ciencia. Interesaba la anatomía del cuerpo humano, se volvió a disecar muertos
para averiguar la composición del cuerpo; en el arte apareció el desnudo, tras
mil años de pudor. En esta nueva concepción humanística del hombre los hombres
podían alegrarse de la vida aquí y ahora. Al descubrir nuevas posibilidades,
casi ilimitadas, parece que perdieron algo del antiguo humanismo griego cuando
señalaba que el ser humano debía conservar la serenidad, la moderación y el
control. La reconstrucción de Roma, que en 1417 contaba sólo con 17.000
habitantes, aunque en la Antigüedad había contado con casi un millón, se
convirtió en un objetivo político y cultural. A ese empeño obedece la
construcción de la Basílica de San Pedro que ocupó a los mejores artistas
durante más de un siglo a partir de su inicio en 1506.
La
misma naturaleza comenzó a ser considerada como algo positivo. El hombre se
sentía bien con su existencia y dejó de considerar la vida terrena como una
preparación para el cielo. Una
interpretación así llevó a algunos a una concepción panteísta del mundo, del
que Dios formaba parte también. Giordano Bruno, al declarar que Dios estaba
presente en la naturaleza y que el espacio era infinito, representa un caso dramático
de que no siempre fueron compartidas por la Iglesia esas ideas. Y esto se explica porque junto al
“humanismo” comenzó a florecer también un “antihumanismo”: un poder
eclesiástico y estatal autoritarios, y su corolario de guerras de religión y
quema de herejes.
Esto
nos muestra la doble cara de todas las épocas históricas. El bien y el mal
aparecen a menudo entrelazados.
A
nivel filosófico e histórico se constata un nuevo método científico y una
actitud nueva ante lo que es la ciencia. Consistía en investigar la naturaleza
con los propios sentidos. Cualquier investigación de la naturaleza debía
basarse en la observación, la experiencia y el experimento: es el “método
empírico”. Se ponía gran énfasis en expresar las observaciones científicas en
un lenguaje matemático exacto. Para GALILEO GALILEI el, uno de los científicos
más importantes del XVII, “el libro de la naturaleza está escrito en un
lenguaje matemático”.
La
naturaleza no era ya sólo algo de lo que el hombre formaba parte, sino algo que
se podía utilizar y aprovechar. “Saber es poder” dijo el filósofo Francis
BACON, al subrayar la utilidad práctica del saber. De esta forma se abrió el
camino a la revolución técnica, y el progreso técnico abrió el camino a todos
los inventos que llegaron después. Los seres humanos comenzaron a intervenir en
la naturaleza y a dominarla.
Con
ello también se llegó a una nueva visión del mundo. Hasta ese momento era
indiscutible la apreciación y “visión geocéntrica del mundo”, a lo que
contribuyeron mucho las ideas cristianas. En 1543 COPERNICO en su libro “Sobre
las revoluciones de los orbes celestes” expuso su teoría, basada en la
observación y deducción, de que era la Tierra la que giraba alrededor del sol,
siendo la Tierra la que se movía alrededor de su propio eje. Aunque se
equivocara en el tipo de movimiento de los planetas – que él creía circulares –
y en la apreciación de que el sol era el centro del Universo, su teoría supuso
un gran avance.
A
principios del siglo XVII Johannes KEPLER demostraría que los movimientos no
eran circulares sino elípticos, y que
la velocidad de los planetas era mayor cuanto más cerca estaban del sol,
debiéndose aplicar las mismas leyes para todo el Universo. Su mayor logro fue
formular la “ley de la inercia”: “La velocidad que ha adquirido un cuerpo se
mantendrá constante mientras no haya causas exteriores de aceleración o
deceleración”. Por ello una piedra lanzada en vertical hacia arriba no cae
a muchos metros del lugar desde el que ha sido lanzada. La inercia la empuja. Y
una bola lanzada por el suelo al final se parará debido a la gravedad (una
causa exterior).
Pero
en cambio no llegó KEPLER a entender que la gravitación se ejerciera a grandes
distancias. En el movimiento de los planetas se dan dos fuerzas contrarrestándose,
y por ello el movimiento no es circular sino elíptico. Fue NEWTON (1642 – 1727)
quien aportó una descripción definitiva del sistema solar. Los planetas son una
especie de canicas rodando sobre un plano inclinado. La fuerza ejercida por el
sol sobre los planetas es matizada por la inercia inicial del movimiento de los
mismos planetas. NEWTON llegó a formular la “ley de gravitación universal”.
Las dos fuerzas que se ejercen sobre la luna y hacen que no caiga a la tierra y
gire alrededor del sol al mismo tiempo se debe a la inercia inicial que
adquirió moviéndose en un espacio sin aire y sin resistencia, lo que
contrarresta la atracción ejercida por el sol, mientras, a su vez, ejerce
atracción sobre la tierra (como se comprueba por las mareas). En cuanto a los
movimientos de los planetas sólo había utilizado las dos leyes ya señaladas por
GALILEO: ley de la inercia (“Todo cuerpo sigue en su estado de reposo o de
movimiento rectilíneo uniforme mientras no sea obligado a dejar ese estado por
la acción de fuerzas exteriores”) y ley de dos fuerzas interactuando al
mismo tiempo. NEWTON demostró que las mismas leyes rigen para todo el Universo.
La visión heliocéntrica recibió con él la confirmación definitiva.
En
el campo religioso, a medida que la filosofía y la ciencia se independizaban de
la teología, también la relación del individuo con Dios tomó más relevancia que la pertenencia del
individuo a la Iglesia como organización. En ese marco se movió LUTERO, quien
sostenía que el hombre no necesita pasar a través de la Iglesia o de sus
sacerdotes para obtener el perdón de Dios. Los hombres recibían la salvación
gratis por medio de su fe, no por medio de los ritos de la Iglesia y menos por
medio del comercio de las indulgencias. En su afán de volver al Cristianismo
primitivo, propugnaba “únicamente las Escrituras”.
Pero
Lutero no fue un humanista como FICINO o LEONARDO DA VINCI. LUTERO fue refutado
por humanistas como ERASMO DE ROTTERDAM quien opinaba que Lutero tenía una
concepción excesivamente negativa del ser humano.
LA
EPOCA BARROCA
La
palabra “barroco” viene de otra que en realidad significa “perla irregular”. Típico del arte de la época barroca
son las formas llenas de contrastes, a diferencia del ate renacentista, más
sencillo y armonioso.
Pero
el siglo XVII se caracteriza por una tensión entre irreconciliables.
contrastes: Si bien por una parte continuó el ambiente positivo y vitalista del renacimiento, otros buscaron
el extremo opuesto, con una vida de negación del mundo y de retiro religioso.
Tanto en el arte como en la vida real nos encontramos con una vitalidad pomposa
y ostentosa, al mismo tiempo que surgieron movimientos que daban la espalda al
mundo.
Una
de las consignas de la época barroca
era la expresión latina “carpe diem” (“goza de este día”). Pero otra
expresión latina frecuentemente citada era el “memento mori” (“recuerda que vas
a morir”).
En
cuanto a la pintura, un mismo cuadro podía mostrar una gran vitalidad, a la vez
que abajo aparecía un esqueleto pintado. Así que la idea de los efímero de
todas las cosas, el sentimiento de que toda va
a acabarse y nada dura es una
idea persistente.
El
Barroco se caracteriza por grandes contestes: Europa estaba traumatizada por
las guerras. La Guerra de los Treinta Años arrasó el continente desde 1618
hasta 1648. Como consecuencia de esta guerra o serie de guerras mientras
Alemania sufrió la peor parte, Francia comenzó a ser la potencia dominante. Esa
guerra, que en parte fue una lucha entre protestantes y católicos, pero a la
base estaba en juego quién iba a llevar las riendas del poder político. Los
contrastes que hemos señalado para todo el Barroco se dan también en la
política y en la sociedad: Mientras
Versalles supone un despliegue de poder y esplendor, propio de las
clases dominantes, la pobreza de la mayor parte de la gente era alarmante.
Los
edificios del barroco muestran estos recovecos y recodos complicados, así como
la vida política se caracterizaba por intrigas y alevosías.
El
teatro fue en la época barroca algo más que una simple expresión artística. Y
fue un símbolo de la vida. Muchas veces se repetía lo de “la vida es un
teatro”. Se presentaba en escena una ilusión, con decorados y maquinaria
escénica complicada para poco después revelar que eso había sido una ilusión. También
en Shakespeare encontramos repetidas veces que la vida es un teatro. Otras
veces los poetas y escritores comparaban la vida con un sueño. Calderón, que
nació en 1600 escribió precisamente “La vida es sueño”. “Qué es la vida? Una
ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida
es sueño, y los sueños, sueños son”.
Dependiendo,
pues, de cada manifestación cultural y de cada país el Barroco se expresa de
muchas maneras.
Hemos
hablado de la arquitectura propia de él como una arquitectura hecha de
recovecos. Diríamos que es la manifestación grandilocuente de este arte.
Pero, vayamos a la corte española con sede en
Valladolid y veremos que si hasta mediados de siglo XVI la estética
constructiva arquitectónica se muestra un tanto ecléctica aglutinando tanto las
corrientes renacentistas como la tradicional mudéjar, desde 1560 cambia la
estética y la filosofía de fondo: Es la de la CONTRARREFORMA del Concilio
de Trento. El Concilio de Trento comenzado en 1545 no termina hasta esa
época. La simetría en ellos es
absoluta, pero hay una clara monotonía dentro de un monumentalismo exagerado.
Se refleja la idea subconsciente del inmovilismo. Desaparecen los elementos
decorativos y triunfa el estilo herreriano, que resulta muy pesado en casi
todas sus demostraciones. Ejemplo de ello es la Catedral de Valladolid que
expresa las tendencias de la Contrarreforma: gigantismo, empleo de los órdenes
clásicos, pobreza en la decoración, gusto por los frontones y pilastras. Para
su construcción hubo que ocupar todo el espacio de la antigua catedral románico
– gótica y la plaza adyacente. Herrera planificó 6 enormes torres distribuidas
en su entorno. Sólo la construcción del Escorial y la marcha de la corte en
1563 dejaron la catedral incompleta para manifestar esa idea de inmovilismo y
cerrazón, a la vez que seguridad en sus ideas y simplicidad de líneas en un
todo armonioso como se demuestra en la
construcción de El Escorial, el retiro de Felipe II. Paradójicamente un estilo
tan inmovilista propició el inusitado e inesperado derrumbe de una de las dos
torres en 1841, después de haber quedado dañada en 1755, año del terremoto de
Lisboa. La iglesia de las Angustias y la de las Huelgas son de un estilo
parecido, y por ser mas modestas en su concepción parecen aún menos estéticas.
Valladolid se muestra abierto a todos los cambios de
gustos y de ideales artísticos típicos de una ciudad en ebullición que
desembocará en una austeridad que se le viene encima tras el CONCILIO DE
TRENTO, obra en gran medida española, y en que se fijan los dogmas como si
fueran cláusulas de un código penal. Exhibición de poderío e inmutabilidad, de
rechazo a cualquier idea que pusiera en peligro la seguridad que proporcionaba
el dogma cosificado.
Pero no es sólo en Valladolid donde se muestra la
nueva estética: Muchos Monasterios rehacen sus claustros románicos para
adaptarlos a la nueva estética, o construyendo nuevos claustros o portadas. Los
claustros adyacentes de muchos monasterios estaban destinados a la manifestación
gloriosa del dia del Corpus. De esta forma, no solo se empeñaron económicamente
sino que estropearon obras arquitectónicas construidas bajo otras ideas
estéticas y planimétricas.
En la escultura, a finales
de siglo es Esteban Jordán el escultor que pasará el testigo al gran Gregorio
de Fernández, quien inicia una nueva época de esplendor a principios del XVII.
De Esteban Jordán es (o fue) la sillería del Monasterio de Palazuelos, que
costó 4520 ducados. Esteban Jordán trabajó en ella con la ayuda de Manuel
Álvarez.[1]
También trabajaron juntos para obras de Medina del Campo y León. Esteban Jordán
representa de forma clara el espíritu de la Contrarreforma: Sus retablos (como
el de la Iglesia de la Magdalena, de Valladolid) muestran medida, serenidad,
prudencia, persecución de un ideal, predominando sobre la imaginación
exacerbada. Los temas que trata son gozosos o gloriosos más que dolorosos;
simplicidad de ideas, monumentalidad, ausencia de expresión y cierta monotonía
son los rasgos predominantes de sus esculturas. Es el estilo que triunfará a
partir de 1570. Juan de Juni, por su parte, se muestra muy compenetrado con los
ideales castellanos y dota de un
espíritu más dramático y efectista a sus figuras, extremando más aún las
características del arte de Berruguete y, sin embargo, sus composiciones se
pueden considerar clásicas ya que
conservan la simetría en la disposición general de las figuras. Es de destacar
que en España triunfó la escultura policromada en vez de la blanca de mármol
tan típica de Italia, por estar bajo la influencia mudéjar del gusto por el
color que se aúna bien con el sentir religioso, pero los artistas se adaptan al
mismo tiempo al gusto renacentista primero y al de la Contrarreforma después.
Pero si bien los numerosos
retablos que dejaron son una demostración de su arte floreciente y abigarrado,
pleno de esculturas en madera policromada y adornos, la cantidad de artistas que tuvieron que emplear como ayudantes,
demuestra también que los nuevos patronos o beneficiados son principalmente las
iglesias, a las que algunos ricos dotaban con dinero para perpetuar su memoria
y salvar su alma.
Por su parte, la Iglesia misma y los Monasterios
fueron los patrones de una arquitectura de mal gusto y que no contaba con
verdaderos maestros, por lo que la proliferación de muchos de los claustros y
fachadas en aras del nuevo gusto contribuyó a afear la primitiva fábrica de
muchas iglesias así como a empeñar su peculio.
Naturalmente, surgió también un arte barroco lleno de
elementos externos en sus portadas (fachada exterior de Santiago de Compostela,
Catedral de México, catedral de Murcia y algunas más), son las menos y en todo
caso también la idea subyacente era mostrar prepotencia y seguridad, y esto
conforme a la riqueza disponible para cada construcción.
Al
igual que las otras manifestaciones culturales, la época barroca se caracteriza
por sus contrastes en Filosofía.
Son
diferentes tensiones entre maneras de pensar opuestas. Mientras unos pensaban
que la existencia era, en el fondo, de naturaleza espiritual (idealismo), otros
pensaban en términos contrarios (materialismo). Por materialismo entendemos una
Filosofía que reduce todos los fenómenos de la naturaleza a magnitudes físicas
concretas. También el Materialismo tuvo muchos defensores en el siglo XVII. El
más importante de todos es el filósofo inglés Thomas HOBBES.
Todos
los fenómenos, incluyendo hombres y animales, están compuestos exclusivamente
de partículas de materia. Incluso la conciencia del ser humano, o su alma, se
debe a los movimientos de partículas minúsculas en el cerebro.
Tanto
el Idealismo como el Materialismo se repiten continuamente a través de la
historia de la filosofía. Pero en el Barroco las dos tendencias estaban
presentes al mismo tiempo. El materialismo se nutría constantemente de las
nuevas ciencias naturales. NEWTON señaló que las mismas leyes de los
movimientos rigen todo el Universo. Al pensar que todos los cambios en la
naturaleza, es decir en la Tierra y en el espacio se deben a la ley de la
gravedad y a las leyes de los movimientos de los cuerpos , estaba formulando la
idea de que todo está dirigido por leyes mecánicas. Su visión es una visión
mecánica del mundo.
Pero
hay que tener en cuenta que ni HOBBES ni NEWTON observaron ninguna
contradicción entre la visión mecánica
del mundo y la fe en Dios.
No
fue siempre así entre los materialistas de los siglos XVIII y XIX: Así el
médico y filósofo francés LAMETTRIE escribió a mediados del XVIII un
libro titulado “L’ homme machine”: en él decía que el cerebro tiene “músculos
para pensar al igual que los tiene para andar.
También
LAPLACE expresó un concepto extremadamente mecánico al decir que si una
inteligencia hubiera conocido la situación de todas las partículas de materia
en un momento dado, “no habría nada inseguro, y tanto el futuro como el pasado estarían abiertos ante ella”. Por
tanto todo lo que ocurre esta previamente decidido. Este concepto lo llamamos
“determinismo”. Nuestros pensamientos y sueños son productos de procesos
mecánicos.
LEIBNIZ,
señaló que la gran diferencia entre lo que esta hecho de “materia” y lo que
está hecho de “espíritu” es precisamente que lo material puede dividirse en
otros cada vez más pequeños. Pero no se puede dividir un alma en dos.
Los
dos filósofos más importantes del XVII fueron DESCARTES y SPINOZA.
III.
LOS RACIONALISTAS
DESCARTES
Hay una línea de pensamiento que partiendo de Sócrates y Platón
pasa por San Agustín hasta llegar a Descartes. Todos ellos fueron
racionalistas. Sólo nuestra razón puede proporcionarnos conocimientos seguros,
y ni siquiera podemos fiarnos de nuestros sentidos.
Se puede decir que Descartes fundó la filosofía de los tiempos
modernos. El fue el primer sistematizador y tras él seguirían Spinoza y
Leibniz, Locke y Berkeley, Hume y Kant.
Descartes intentaba averiguar lo que podemos saber, aclarar la
“certeza de nuestro conocimiento”. Y la otra cuestión que le interesaba era la
“relación entre el alma y el cuerpo”. Esos dos debates caracterizarían el
debate filosófico durante los siguientes 150 años.
En la época de Descartes la nueva ciencia había desarrollado un
método preciso para describir los procesos de la naturaleza. La nueva física
había planteado la cuestión de la naturaleza de la materia, sobre que es lo que
decide los procesos físicos de la naturaleza, y cada vez más se defendía una
interpretación mecánica. Pero cuanto más mecánicamente se conceptuaba el mundo
físico, tanto más relevante e imperiosa se volvía la cuestión sobre la relación
entre el alma y el cuerpo.
Pues bien, hasta el siglo XVII no se introdujo la separación
radical entre “alma” y “cuerpo”. Aunque todos los objetos físicos, incluso los
cuerpos de los animales y los cuerpos humanos eran explicados mediante un
proceso mecánico, el alma no podía formar parte de esa maquinaria corporal.
Quedaba por explicar cómo algo espiritual podía poner en marcha un proceso
mecánico.
En el “Discurso del Método” Descartes plantea la cuestión de qué
método debía emplear el filósofo. Llegó a la conclusión de que había que
emplear el método matemático en la
reflexión filosófica. Y así como para resolver un problema matemático usamos la
“razón”, también las matemáticas y los números podían proporcionar un
conocimiento más certero que los sentidos.
Si bien la meta de Descartes era lograr conocimientos certeros
sobre la naturaleza de la vida, empezó por afirmar que como punto de partida
debía dudarse de todo. A partir de eso punto cero, de algo podía estar seguro:
de que duda. Pero, si duda, también debe estar seguro de que piensa y puesto
que piensa debe estar seguro de que es un sujeto que piensa. “Cogito ergo sum”.
Y no sólo capta que es un yo pensante, sino que ese yo es más real
que ese mundo físico que captamos con los sentidos. Llega también a otra
conclusión: la de que también tiene una idea clara y definida de un “ser
perfecto”. “La idea de un ser perfecto no puede venir de algo que es
imperfecto. De modo que esta idea de un ser perfecto tiene que proceder de ese
mismo ser perfecto, o, con otras palabras, de Dios.” Por ello para él es
evidente que hay un Dios lo mismo que es evidente que el que piensa es un ser
pensante. No constituye esto una prueba, y algunos señalan que es el punto más
débil de Descartes.
La idea de un Dios es una idea innata, y está impresa en nosotros
desde que nacemos. Es inherente a un ser perfecto que ese ser exista.
¿Y qué hay respecto al mundo exterior? La realidad exterior tiene
algunas cualidades que podemos reconocer con la razón. Son las relaciones
matemáticas: Hay cualidades cuantitativas (peso, anchura profundidad) que son evidentes para la razón; y así
cualidades “cualitativas” (color, olor, sabor) que están relacionadas con
nuestros sentidos y no describen realmente la realidad exterior. Ya que la razón
descubre que hay unas relaciones matemáticas en la realidad exterior, esto debe
ser así porque un Dios perfecto no nos engañaría.
Pero la realidad exterior es esencialmente distinta a la realidad
del pensamiento. Hay, pues, dos formas distintas de realidad, o dos sustancias:
Una es el “pensamiento” o “alma” y otra es “la extensión” o “materia”.
Esas dos sustancias provienen de Dios. El alma es consciente e
indivisible; la materia sólo tiene extensión y es divisible pero no consciente.
Las dos sustancias vienen de Dios pero son totalmente independientes la una de
la otra.
Descartes es un dualista, pues realiza una bipartición entre la
realidad espiritual y la realidad extensa. La realidad extensa, como la que
tienen los animales, sigue unas leyes mecánicas. También el cuerpo humano es
una pieza de mecánica, pero tiene un alma que puede actuar completamente
libre en relación con el cuerpo.
Los procesos corporales siguen esas leyes mecánicas pero lo que
pensamos con la razón no ocurre en el cuerpo, sino en el alma, libre de
relación con la realidad extensa.
Pero al mismo tiempo constata una alternancia entre alma y cuerpo.
El alma está relacionada con el cuerpo mediante un órgano especial, la
“glándula pineal”, en la que se realiza una continua alternancia entre
“espíritu” y “materia”. El alma se deja confundir por sentimientos y afectos
relacionados con las necesidades del cuerpo, pero el alma puede independizarse
de esos impulsos “bajos” y actuar libremente
en relación al cuerpo. El pensamiento puede liberarse de esas
necesidades y actuar “razonablemente”. Para Descartes es la propia razón la que
es el alma. Pero que el cuerpo humano funcionara mecánicamente, por muy
sofisticado que sea en comparación con un reloj astronómico, no lo dudaba.
SPINOZA
Descartes ejerció gran influencia sobre Spinoza (1632 – 1677).
Perteneciente éste a la comunidad judía de Amsterdam, pronto fue expulsado y
excomulgado de la sinagoga por heterodoxo. La causa era sus críticas a la
religión oficial. Pensaba que lo único que mantenía vivo tanto el cristianismo
como el judaísmo eran los dogmas anticuados y los ritos externos. Fue el
primero en emplear una visión crítico –histórica de la Biblia. Negó que la
Biblia estuviera inspirada por Dios, y
apelaba a una crítica que tuviera en cuenta el tiempo en que cada escrito fue
redactado, así como las posibles variantes.
Así, frente a la religión ritual
predominante en la sinagoga reivindicó, en cambio, a Jesús, porque su
predicación era una liberación del judaísmo anquilosado. Jesús, en cambio,
predicó una religión de la “razón” que ponía el amor sobre todas las cosas.
Pero el cristianismo pronto quedaría anquilosado en ritos externos.
Spinoza decía que todo lo que existe es Naturaleza, y que Dios es
igual a Naturaleza. Veía a Dios en todo lo que existe y todo lo que existe en
Dios. Era un panteísta. Afirma que Dios es el mundo y que el mundo está en
Dios.
Su libro más importante es la Ética demostrada según el orden
geométrico. Con la palabra “Ética” los antiguos filósofos se referían a cómo
vivir para conseguir la felicidad. Spinoza preconiza el “arte de vivir según el
orden geométrico”. Sigue en esto la tradición racionalista de Descartes. En su
ética quería demostrar cómo la vida del hombre está condicionada por las leyes
de la naturaleza. Para ello, debemos liberarnos de nuestros afectos y
sentimientos. Pero Spinoza no admitió la distinción de las dos sustancias de
que hablaba Descartes. Opinaba que sólo hay una sustancia y que todo lo que
existe proviene de lo mismo, y lo llamaba ”sustancia”. Otras veces lo llamaba Dios
o Naturaleza.
Su concepción de la realidad no es dualista, pues, sino monista:
Reconduce toda la naturaleza y todas
las circunstancias de la vida a
una sola sustancia. Con la palabra “Sustancia”, “Dios” o “naturaleza” quiere
decir “todo lo que existe”, también lo relativo al espíritu. Los seres humanos
conocemos dos de las cualidades o formas de aparición de Dios y esas dos
cualidades básicas que conocemos o
“atributos” de Dios son precisamente el “pensamiento” y la “extensión” de
Descartes.
Todo lo que hay en la Naturaleza es por tanto pensamiento o
extensión. Pensaba que todo lo que ocurre tiene su causa interna en Dios, en
las leyes de la naturaleza. Todo lo que ocurre en la naturaleza necesariamente.
Spinoza tenía una visión determinista de la vida de la naturaleza. Sólo un ser
que plenamente es la “causa de si mismo” puede actuar en total libertad. Sólo
Dios o la Naturaleza presentan una voluntad libre y no casual. El ser humano
esta limitado por circunstancias de todo tipo y por ello ni decidimos lo que
pensamos ni decidimos todo lo que ocurre con nuestro cuerpo. No tiene por tanto
un “alma libre” que esté más o menos presa en un cuerpo humano. Las pasiones
del ser humano le impiden ver la verdadera felicidad y armonía, pero el ser
humano puede lograr un reconocimiento intuitivo de la naturaleza como tal. Y la
meta es captar en mirada panorámica todo lo que existe. Es así cuando podemos
alcanzar la máxima felicidad y serenidad de espíritu: Cuando vea todo “sub
specie aeternitatis”, bajo el ángulo de la eternidad.
BREVE HISTORIA DE LA
FILOSOFIA
(Copyright: Fernando
H. Salas).
V. 2013.
IV.
DE LOS EMPIRISTAS A KANT
LOS EMPIRISTAS
Descartes y Spinoza tenían en común que los dos eran
racionalistas: tenían mucha fe en la razón como fuente de conocimientos. Un
racionalista cree que la razón es la fuente de conocimientos y opina que el ser
humano nace con ciertas ideas preexistentes en la conciencia humana antes de
cualquier experiencia. Cuanto más clara es esa imagen, mayor es la seguridad de que corresponde a algo
real. Así, por ejemplo, a partir de la imagen clara de un ser perfectísimo,
Descartes deduce que verdaderamente existe un Dios.
Este modo racionalista de pensar fue típico del siglo XVII y había
sido corriente también en la Edad Media. Es una herencia de Platón y Sócrates.
En el siglo XVIII este pensamiento estuvo en cuestión cada vez más
profundamente. Varios filósofos adoptaron el punto de vista de que no tenemos
absolutamente ningún contenido en la conciencia antes de adquirirlas mediante nuestros sentidos. Esto es lo que
constituye el EMPIRISMO.
Mientras el RACIONALISMO es típico del continente europeo: el
francés DESCARTES, el holandés SPINOZA y el alemán LEIBNIZ, los empiristas
fueron LOCKE, BERKELEY y HUME, los tres británicos.
Un empirista quiere hacer derivar todo conocimiento sobre el mundo de lo que nos cuentan nuestros sentidos. La fórmula clásica de
esta actitud empirista procede de Aristóteles quien dijo que “no hay nada en
la conciencia que no haya estado antes en los sentidos”. Esto implicaba una
crítica a Platón, para quien los
hombres nacían ya con “ideas” innatas
del mundo de las Ideas. Locke retoma las palabras de Aristóteles y las
lanza contra Descartes.
Los empiristas piensan que no tenemos ninguna idea innata sobre el
mundo. En realidad no sabemos nada del mundo en que nos han colocado, y si
alguna idea tenemos que no se pueda
conectar con hechos experimentados, se tratará de un concepto o idea falsa. Un
sistema filosófico basado en esos presupuestos es para los empiristas una tesis
erudita pero falsa.
Los Empiristas se empeñaron en limpiar todas las ideas heredadas y
cribarlas para ver cuáles podían ser
demostradas como auténticas por medio de la experiencia.
JOHN LOCKE (1632 – 1704)
Fue el primer empirista y en su “Ensayo sobre el conocimiento
humano” intentó aclarar dos cuestiones: Primero, de dónde recibe el ser humano
sus ideas y conceptos. Segundo, si podemos fiarnos de lo que nos cuentan nuestros sentidos.
Antes de captar algo con los sentidos, la conciencia esta vacía, y
es como una tabla rasa. Las ideas más simples las empezamos a captar con
nuestros sentidos: Lo que saboreamos, olemos y oímos. Pero la conciencia no
sólo recibe esas impresiones externas de un modo pasivo, sino que esas ideas simples
van siendo elaboradas mediante el pensamiento, el razonamiento, la fe y la
duda. Así surgen las “ideas de reflexión de los sentidos”. Distingue, pues,
entre “sentir” y “reflexionar”. La idea de lo que es una manzana o una naranja
o pera es el fruto de la reflexión de las “sensaciones sencillas”
experimentadas al comer uno y otro fruto repetidas veces. Pero todo el material
de nuestro conocimiento sobre el mundo entra por los sentidos.
Pero ¿es realmente el mundo tal y como lo percibimos? LOCKE distinguía
entre lo que designaba como cualidades “primarias” y “secundarias” de los
sentidos. El tamaño y peso de las cosas, que son cualidades primarias, las
puede percibir todo el mundo; pero las cualidades secundarias (olor, color y
sabor) pueden variar de una persona a otra, según la constitución específica y
particular de los sentidos de cada uno.
Por ello no percibimos las verdaderas cualidades inherentes a las cosas mismas, sino que sólo están
reflejando la influencia de la realidad
exterior sobre nuestros sentidos. En este punto, el de la realidad
extensa (peso, número), entronca con
los filósofos anteriores a él, como por ejemplo con Descartes: son cualidades
que los humanos pueden captar con la razón.
Locke también compartía la idea de un “conocimiento intuitivo” o
“demostrativo”. Opinaba que para todos existen ciertas reglas básicas, y
defiende el “derecho natural”, que es un rasgo racionalista. Otro rasgo
racionalista de Locke es que pensaba
que es inherente a la mente humana el pensar que hay un Dios. Y esto no como
una cuestión de fe, sino que esa idea emana de la razón humana (otro rasgo
racionalista, pues).
Locke abogó por la libertad de pensamiento y la tolerancia. Le
interesó también la igualdad entre los sexos. Fue uno de los primeros en
preocuparse por los papeles de los sexos, problemática que jugaría un papel importante den John
Stuart Mill. Locke anticipó muchas de las ideas liberales que más tarde
florecerían en la Francia del XVIII con la ILUSTRACION: Locke fue el primero
que habló del “principio de división de
los poderes” (lo que implica que el poder del estado queda repartido en varias
instituciones: legislativo, judicial y ejecutivo. Esta tripartición proviene
del filósofo Montesquieu (1689-1755), de la época de la Ilustración). Para
Locke ante todo los poderes legislativo y ejecutivo debían estar separados para
evitar la “tiranía”. Téngase en cuenta que fue contemporáneo de Luis XIV
(1634-1715), el Rey Sol, el de aquello de
“El Estado soy yo”.
HUME (1711-1776)
Como empirista creyó su obligación el ordenar todos los conceptos
y pensamientos confusos procedentes de la Edad Media y de los filósofos
racionalistas del siglo XVII. Hume desea volver a la percepción inmediata del mundo de los hombres. Para
ello quiere volver a la percepción infantil del mundo.
Hume constata que el hombre tiene dos tipos diferentes de ideas:
“impresiones” e “ideas”. Con la palabra “impresiones” quiere decir la inmediata
percepción de la realidad externa. Con “ideas” se refiere al recuerdo de una
impresión de este tipo. La “impresión” es más fuerte que la “idea” o el
recuerdo de la reflexión sobre el recuerdo. La sensación es el original y la
“idea” o recuerdo de la sensación es una pálida copia. Es la impresión la que
es la causa directa de la “idea” que se esconde en la conciencia. Tanto una
“impresión” como una “idea” pueden ser simples o compuestas.
Algunas veces podemos componer esas ideas sin que lo estén en la
realidad: Así, por ejemplo, podemos componer un caballo con alas (un pegasus) tomando
las alas de una impresión y al caballo de otra. Ambos conceptos han entrado en
el teatro de la conciencia en alguna ocasión como “impresiones” auténticas. La
conciencia no ha inventado nada, simplemente he pegado las dos impresiones y ha
construido una “idea” o concepto falso.
Hume quiere investigar cada concepto para averiguar si está
compuesto de una manera que no
encontramos en la realidad. Y se pregunta de qué “impresión” viene ese
concepto. Para ello ha de encontrar primero las “ideas simples” de las que
consta el concepto compuesto. De esta manera cree haber encontrado un método
crítico para analizar las ideas o conceptos.
Una idea muy compleja es por el ejemplo “el Cielo”. Puede que
hayamos tenido las “impresiones simples” que dieron lugar a un concepto tan
compuesto, tan complejo. Y las hemos tenido pero lo que ha hecho la mente es
hacer mediante cortes de tijera y pegamento una imagen soñada. Con la idea
clara y nítida que tenía Descartes de Dios, Hume hace un análisis parecido de
descomposición de conceptos que se han ido añadiendo.
Hume quiere atacar todas las ideas y pensamientos que no
tienen su origen en una correspondiente
sensación. Quiere ahuyentar toda la palabrería que ha dominado el pensamiento
metafísico. También ataca como no válida la idea de un “yo” o de un núcleo de
personalidad que constituyen la misma base de la filosofía de Descartes, una
idea clara y nítida – según Descartes - sobre la que luego edifica toda su
filosofía.
La idea del “yo” es en realidad una larga cadena de impresiones simples que nunca se han
percibido simultáneamente. La conciencia es “una especie de teatro donde
aparecen los distintos juicios
sucediéndose los unos a los
otros; pasan, vuelven, se marchan y se mezclan en una infinidad de posturas y
situaciones”. La conciencia del yo está compuesta de imágenes simples: es una
suma de momentos, como lo es una película. Ese análisis de Hume ya fue
introducido por Buda hace 2.500 años.
Extendiendo la idea de un yo inalterable, muchos racionalistas también
habían dado por sentado que el hombre tiene un “alma” inmortal. Según Hume y
Buda eso es también una idea falsa. Hume rechazó cualquier intento de probar la
inmortalidad del alma o la existencia de Dios. Al menos, no se puede probar la
fe religiosa con la razón humana. Hume no era ateo, sino AGNOSTICO. Un
agnóstico es alguien que no sabe si existe Dios. Sólo aceptó como verdadero
aquello sobre lo que él tenía sensaciones seguras. Hume disolvió así la última
conexión entre fe y razón. Las leyes de la naturaleza, como tales, no las
podemos percibir. Por ello no podemos percibir tampoco lo que se sale de ellas,
lo mismo que no podemos percibir las “leyes inquebrantables de la naturaleza”,
como la gravedad. esta es también el
resultado del hábito creado de verlo suceder de un mismo modo, por ejemplo al ver que una piedra cae al suelo si se la
suelta. Así nos formamos hábitos cuyo
poder se debe a la “ley causa efecto”
que es también otro hábito creado en nuestra mente. Hume no niega que haya
“leyes inquebrantables de la naturaleza” sino que no somos capaces de
percibirlas.
También en lo que se refiere a la ética y a la moral Hume se
rebelo contra el pensamiento racionalista que sostenía que era inherente a la razón del hombre el distinguir entre el
bien y el mal. Lo que decide lo que decimos y hacemos no es la razón sino los
“sentimientos”. No podemos probar con la razón cómo debemos actuar.
BERKELEY
Berkeley fue el empirista más consecuente de todos. Opinaba que
las cosas en el mundo son precisamente como las sentimos, por que no son
“cosas”.
Si Locke opinaba, al igual que Descartes y Spinoza, que el mundo
físico es una realidad, Berkeley lo pone en duda. Dice que lo único que existe
es que nosotros percibimos, pero no percibimos la “materia”.No percibimos que
las cosas son “cosas” concretas. El presumir que aquello que percibimos tiene
una “sustancia” propia es pasar a la conclusión demasiado rápido.
Berkeley pensaba que todas nuestras ideas tienen una causa fuera
de nuestra conciencia, pero esta causa no es de naturaleza material, sino
espiritual. Todo “se debe al espíritu que causa “todo en todo” y gracias a lo cual “todas las cosas
subsisten”. Qué clase de espíritu sea ese puede ser Dios, pues incluso de
El podemos afirmar la existencia de Dios mucho más nítidamente que la
existencia de los hombres. Todo lo que vemos y sentimos es “consecuencia de la
fuerza de Dios”.
Berkeley no sólo duda de la realidad material. también duda de que
el “tiempo” y el “espacio” tengan una existencia absoluta e independiente.
También nuestra conciencia del tiempo y del espacio puede ser algo que sólo se
encuentre en nuestra conciencia. Según Berkeley solo podemos saber que somos
espíritu.
LA ILUSTRACION
Después de Hume el siguiente gran sistematizador fue Kant. Pero
también Francia produjo muchos pensadores importantes en el siglo XVIII. El
centro de gravedad filosófico se
encontraba en Inglaterra en la primera mitad del siglo XVIII, en Francia a
mitad del siglo y en Alemania hacia finales.
Algunas de las ideas que fueron comunes a muchos filósofos
franceses de la Ilustración fue en una primera fase la “rebelión contra las
autoridades”: la visita a Inglaterra de varios filósofos franceses causó en
ellos una influencia proveniente de Locke y su filosofía política. De vuelta a
Francia, comenzaron a atacar a las viejas autoridades: el poder de la Iglesia, del rey y de la nobleza, que
en Francia eran instituciones más poderosas que en Inglaterra. Y a continuación
vino la Revolución.
La siguiente fase es la propia del Racionalismo. El mismo Hume no
murió hasta 1776, 20 años después que Montesquieu y sólo dos años antes que
Voltaire y Rousseau que murieron en
1778. Pero los tres habían conocido la filosofía de Locke, que no fue un
empirista muy consecuente, porque opinaba que tanto la fe en Dios como ciertas
normas morales son inherentes a la
razón del hombre. Este punto es también
el núcleo de la filosofía francesa de la Ilustración.
Cuando los franceses hablan de “sentido común”, los franceses
suelen hablar de “evidencia”. La expresión francesa tiene que ver con la
“experiencia común”, y la francesa con “lo evidente”, es decir con la razón.
Al igual que los humanistas de la Antigüedad, como Sócrates y los
estoicos, la mayor parte de los filósofos ilustrados tenían una fe
inquebrantable en la razón. Las ciencias naturales habían demostrado que la
naturaleza estaba organizada racionalmente. Y de acuerdo con la razón quisieron
también construir una base para la
moral, la religión y la ética. Era necesario también educar a la población si
se quería tener una sociedad mejor pues la ignorancia y la superstición son las
que causan la miseria y la opresión. Por ello el sistema escolar data de la
Edad Media y la pedagogía del tiempo de la Ilustración.
La obra más representativa de la Ilustración es la Enciclopedia.
que salió en 1771-72 en 28 tomos con la aportación de todos los grandes
filósofos de la Ilustración. Era cuestión de tiempo que se extendiera a todas
las capas de la población, aunque ellos ya una crítica de la “civilización”.
Algunos de ellos se convirtieron en defensores de una “vuelta a la
naturaleza”. La naturaleza significaba casi lo mismo que la “razón”, porque la
razón humana proviene de la naturaleza al contrario que la civilización y la
Iglesia. Señalaron que los pueblos naturales eran a menudo más sanos y más
felices que los europeos justamente por no estar civilizados. Y esto porque la
naturaleza es buena y el hombre es bueno “por naturaleza”. El mal está en la
sociedad.
Muchos de ellos lucharon por un “concepto humanizado del
Cristianismo”, aunque hubo varios materialistas consecuentes que no creían en
ningún Dios. Pero la mayoría de los filósofos ilustrados creyeron que era
irracional concebir un mundo sin Dios: El mundo estaba organizado de forma demasiado
racional como para prescindir de un Dios. Es lo que había creído Newton, por
ejemplo.
También se consideraba razonable creer en la inmortalidad del
alma. Igual que para Descartes, la cuestión de si el hombre tiene un alma
inmortal se convirtió mas en una cuestión de razón que de fe. Y en efecto,
muchos creyeron que lo que había que hacer era eliminar del cristianismo todos
los dogmas irracionales que se habían añadido a la predicación de Jesús.
Muchos también defendieron el “Deísmo”, la idea de un Dios creador
que luego dejó al mundo a su arbitrio. Dios no se revela de ninguna manera
sobrenatural sino sólo a través de la naturaleza y sus leyes. Un Dios
filosófico lo encontramos ya en Aristóteles para el que Dios es “causa primera”
o “primer motor” del universo.
En cuanto a los derechos humanos, lucharon activamente a favor de
ellos: Lucha contra la censura, a favor de la libertad de imprenta. Lucharon
contra la esclavitud de los negros y creían que el individuo tenía todo el
derecho a expresar sus ideas sobre la religión, la moral y la ética.
El principio de la “inviolabilidad del individuo” fue
incorporado a la “Declaración de los
Derechos Humanos”, aprobada en 1789 en la Asamblea Nacional Francesa. Eso era
lo que propugnaban como “derechos naturales”, que a menudo están disminuidos o
suprimidos por las leyes de algún determinado país.
En cuanto a los derechos específicos de la mujer, se pueden ver
los primeros ejemplos de la lucha de la mujer.
Así, en 1787 Condorcet publicó un escrito sobre los derechos de la
mujer. Y durante la revolución de 1789 las mujeres participaron activamente en
la lucha contra la sociedad feudal. En París se formaron grupos de mujeres en
demanda de los mismos derechos que los hombres, y pedían cambios en las leyes del
matrimonio y respecto a la condición social de la mujer. Una de las que más
lucharon a favor de los derechos de la mujer durante la Revolución francesa fue
Olympe de Gouges, exigiendo en 1791, dos años después de la revolución, una
reivindicación de tales derechos que las igualaran a los de los hombres
valiéndose de folletos y obras de teatro. Fue ejecutada en 1793 por haberse
atrevido a defender a Luis XVI y atacar a Robespierre. A partir de entonces se
prohibió toda actividad política de la mujer. El sufragio universal no se
empezó a reivindicar y obtener de forma efectiva hasta el siglo XX.
La filosofía francesa también influyó en los principios sobre los
que se basan las Naciones Unidas. Hace 200 años el lema “Libertad igualdad y
fraternidad” contribuyó a unir a la burguesía francesa.
KANT
Nacido en 1724, fue el primer filósofo que trabajó en una
Universidad como profesor de Filosofía, por lo que conocía muy bien los
pensamientos de los filósofos anteriores.
Conocía a los racionalistas, como Descartes y Spinoza, y a los
empiristas, como Locke, Berkeley y Hume.
Kant recogió el pensamiento de ambas tendencias y pensaba que las
dos se equivocaban en algo. Recordemos que los racionalistas pensaban que la
base de todo conocimiento humano está en la conciencia del hombre mientras que
para los empiristas todo el conocimiento del mundo viene de las percepciones.
Hume, por su parte, había señalado los límites existentes para el hombre antes
de que pueda sacar conclusiones a
partir de las sensaciones.
Todos los filósofos posteriores a Descartes se preocuparon de
responder a la cuestión: “Qué podemos saber del mundo?” Las dos posibilidades
eran saber si el mundo es tal como lo percibimos y es como se presenta a nuestra razón.
KANT opinaba que tanto la percepción como la razón juegan un papel
importante en nuestra percepción del mundo, pero que los racionalistas
exageraban lo que la razón podía aportar, mientras que los empiristas hacían de
la percepción la base de su pensamiento.
Aunque todo el conocimiento sobre el mundo viene de las
percepciones, decía Kant, en nuestra razón, es decir en la mente humana, se dan importantes condiciones o
disposiciones respecto a cómo captamos el mundo a nuestro alrededor.
Todo lo que uno ve viene del mundo de fuera pero el cómo lo ves
está relacionado con las lentes que uno lleva puestas. Es decir, hay
determinadas disposiciones en nuestra razón y estas disposiciones marcan
nuestras percepciones.
Las disposiciones básicas bajo las que percibimos todo son el
tiempo y el espacio, que son las “dos formas de sensibilidad” del
hombre. Estas dos formas de sensibilidad son anteriores a cualquier
experiencia. Todo lo percibiremos como un fenómeno en el tiempo y en el espacio
porque no podemos quitarnos las lentes de la razón.
El tiempo y el espacio pertenecen a la constitución humana. Son
cualidades de la razón y no cualidades del mundo. La conciencia no es una tabla
rasa que reciba las sensaciones desde fuera, sino que moldea activamente
nuestro concepto del mundo. Las sensaciones de fuera se adaptan a nuestra
propia sensibilidad. Y no es sólo la conciencia la que se adapta a las cosas
sino las cosas a la conciencia también.
Kant lo llamaba el “giro copernicano”.
La misma ley de causa y efecto forma parte de la razón humana,
según Kant. Es algo que Hume no admitía, pero Kant lo incluye como una cualidad
de la razón humana, porque ella capta todo lo que sucede como una relación
causa efecto.
Esta de acuerdo con Hume de que no podemos saber nada seguro de
cómo es el mundo “en sí”. Sólo podemos saber cómo es para mi. Nunca podremos
saber del todo como son las cosas “en sí”, sino cómo aparecen ante nosotros.
Hume había señalado que no podemos percibir ni probar las leyes de
la naturaleza, pero Kant creía que sería capaz de señalar la absoluta validez
de las leyes de la naturaleza mostrando que en realidad estamos hablando de
leyes para el conocimiento humano.
Según Kant hay dos cosas que contribuyen a cómo las personas
perciben el mundo. Unas son las condiciones exteriores, de las que no podemos
saber nada hasta que las percibimos. Es lo que se llama “material” del
conocimiento. La segunda los las condiciones internas del mismo ser humano, por
ejemplo, el que todo lo percibimos como sucesos en el tiempo y en el espacio y además
como procesos que siguen una ley causal inquebrantable: es lo que llamamos la
“forma” del conocimiento.
Lo que el hombre puede conocer con la razón está delimitado. Las
“lentes” de la razón ponen algunos de esos límites. Kant pensaba que el ser humano
no puede obtener conocimientos seguros sobre tales cuestiones. Por ejemplo
cuando preguntamos si el mundo es finito o infinito, o cuando nos preguntamos
de dónde procede el mundo, o si el ser humano es libre o si intentamos probar
la existencia de Dios con la razón. En estos casos no podemos percibir toda la
realidad porque formamos parte de ella, y ocurrirá siempre que dos puntos de
vista sean igualmente probables o improbables partiendo de lo que nos pueda
decir la razón humana. La razón opera en estos casos fuera de los límites del
conocimiento humano. La razón en estos casos se encuentra vacía porque no tiene
ningún material de los sentidos sobre que tratar, no tienen ninguna experiencia
sobre lo que apoyarse.
Donde fracasan la experiencia y la razón surge un vacío que puede
llenarse con la fe religiosa.
Pero Kant no se contentó con afirmar que estas cuestiones tienen
que dejarse en manos de la fe del hombre, sino que era prácticamente necesario
para la moral de los hombres
suponer que tienen un alma
inmortal, que hay un dios, y que el hombre tiene libre albedrío. A estas
cuestiones las denomina “postulados prácticos”: algo que hay que afirmar
para la “práctica” del hombre, para la
moral. Así, Kant dice que “es moralmente necesario suponer la existencia de
Dios”.
Kant, a diferencia de Hume quien decía que el bien y el mal eran
sólo sentimientos, partía ya del punto de vista de que la diferencia entre el
bien y el mal es algo verdaderamente real. En eso estaba de acuerdo con los
racionalistas quienes sostenían que era
inherente a la razón del hombre el distinguir entre el bien y el mal. Kant
decía que el distinguir el bien del mal,
esos conceptos eran inherentes a la razón del hombre. Según Kant todos los seres humanos tenemos
una “razón práctica” que nos permite distinguirlo. Es algo innato. Todos
tenemos acceso a la “ley moral universal”. Esta ley moral tiene la misma
validez absoluta que las leyes físicas de la naturaleza. Esa ley moral es
anterior a cualquier experiencia. Kant formuló la ley moral como un “imperativo
categórico”, es decir, válida para todas las situaciones. Es preceptiva e
ineludible. Sus definiciones de la “ley moral” vienen a recordar aquello de
“debes hacer a los demás lo que quieres que los demás hagan por ti”. Pero para
que sea moral un acto debes hacerlo porque crees que es tu obligación cumplir la ley moral, no por conveniencia.
Por ello su ética es una “ética de obligación” y ética “de intención”.
Y sólo cumpliendo esa ley moral somos libres, es así como el
hombre es libre de verdad, y aunque él postulaba que el hombre dispone de libre
albedrío al mismo tiempo lo sometía a la ley causal.
Kant divide al hombre en dos partes, le considera un ser “doble”,
de forma que en esto recuerda a Descartes. Para Kant, como seres dotados de
sentidos estamos expuestos a las inquebrantables leyes de la causalidad porque
no decidimos lo que percibimos. Como seres que percibimos pertenecemos
plenamente a la naturaleza. Y en este sentido no tenemos libre albedrío. Pero,
por otra parte, como seres de la razón formamos parte de lo que Kant llama “la
cosa en sí”, es decir, el mundo tal como es en sí, independientemente de
nuestras percepciones. Por ello sólo cuando cumplimos nuestra “razón práctica”
tenemos libre albedrío ya que somos nosotros los que creamos la ley por la que nos guiamos. Los animales,
en cambio, no tienen libertad ya que esa libertad que caracteriza al hombre es
la que nos convierte en seres humanos.
Con Kant muere toda una época de la historia de la Filosofía:
Termina con la disputa en que se habían movido empiristas y racionalistas.
Cuando muere en 1804 comienza a florecer el Romanticismo.
V.
DE HEGEL A MARX
HEGEL
Hegel unificó las distintas ideas que circulaban entre los
románticos. Tanto los románticos como Schelling hablaban de que el fondo de la
existencia se encontraba en el “espíritu universal”. Pero HEGEL al hablar de
“espíritu universal” o “razón universal” se refiere a la suma de todas las
manifestaciones humanas. Porque el sólo el ser humano tiene “espíritu”. Con
este significado habla del espíritu universal a través de la Historia, es
decir, de las vidas e ideas y de la
cultura de los seres humanos.
Hegel, al contrario que Kant, no cree en una “verdad”
inalcanzable. Para Hegel la “verdad es subjetiva”, con lo que rechazó la
existencia de una “verdad” por encima o fuera de la razón humana. Todo
conocimiento es conocimiento humano.
La filosofía de Hegel más que filosofía en sí un método para
entender el curso de la Historia. No pretende, en cambio, enseñar nada sobre la
“naturaleza más íntima de la existencia”. No existe una “verdad eterna” ni
ninguna “razón eterna”. El único punto fijo al que puede agarrarse el filósofo
es a la propia Historia.
Es claro que la Historia está en un constante cambio, pero también
un río lo esta, y para Hegel la Historia era como el curso de un río. Nuestra
manera de pensar viene determinada por todos los pensamientos que han estado
manando de las tradiciones de las personas que han vivido antes. Una idea es
correcta en su tiempo, no después, porque ha ido cambiando con el flujo de las
nuevas ideas. Lo que es bueno o malo hay que considerarlo en función del tiempo
histórico en que se dio.
La razón para Hegel es algo dinámico, y la verdad es ese proceso
en sí. Pues no existe ningún criterio fuera del propio proceso histórico que pueda decidir lo que es más “verdadero”
o lo más “razonable”. No se puede arrancar a ningún filósofo ni a ninguna idea
en general del contexto histórico. Pero debido a que constantemente se van añadiendo
cosas nuevas, la razón es “progresiva”, es decir el conocimiento del hombre
está en constante ampliación y de esa manera “progresa”. Es como si cada vez
hubiera entrado más agua en el río.
Hegel pensó que el espíritu universal evoluciona hacia una
conciencia de sí mismo cada vez mayor. La Historia trata de que el espíritu
universal despierte lentamente para concienciarse en sí mismo. El espíritu
universal se hace cada vez más
consciente de su particularidad. La humanidad ha ido cada vez más a un
conocimiento mayor de sí misma y también hacia un “despliegue de energías” cada
vez mayor.
El estudio de la Historia demuestra que la humanidad se mueve hacia una “racionalidad y libertad” cada vez
mayor: La evolución histórica se da. La Historia avanza. La Historia “sobrepasa
sus propios límites” y tiene un “objetivo”.
La Historia es una cadena de reflexiones. Cada idea se sustenta en
una idea anterior. En cuanto se presenta una idea será contradicha por otra,
produciéndose luego una fusión de ellas Esta tensión entre ideas opuestas se
anulará cuando una tercera idea recoja
lo mejor de los puntos de vista de las dos precedentes: A esto Hegel lo llama
“evolución dialéctica”.
Así la idea de los eleatos que negaron cualquier cambio en la
materia primaria y que no nos podemos fiar de nuestros sentidos (tesis) fue contradicha por Heráclito
(antítesis) que tenía razón en que podemos fiarnos de nuestros sentidos, pero
no tenía razón en que todo fluye pues sólo cambia la composición pero no los
elementos en sí. Fue Empédocles el que señaló que las dos visiones tenían algo
de razón y estaban equivocadas en algo. Empédocles supone la negación de la
negación. (síntesis).
De la misma forma podemos decir que el racionalismo de Descartes
era una tesis, que fue contradicha por la antítesis empírica de Hume. Kant
llegó a una Síntesis de los dos antagonismos.
La dialéctica de Hegel que saca de la lectura de la historia le
hizo descubrir ciertas leyes para el
curso del “espíritu universal” a través de la Historia. Pero no es sólo
aplicable a la Historia esa dialéctica. En ese interjuego al final siempre triunfa lo que es “sensato”, lo que tiene
posibilidad de sobrevivir. La opinión de lo que es razonable va cambiando
constantemente.
La razón de Hegel es una razón dinámica. La realidad esta llena de
contradicciones y una descripción de la realidad las tendrá también. Pero una
tensión dialéctica puede desencadenar una acción espontánea que a su vez
conduce a un cambio repentino.
Pero el individualismo de los románticos encontró su negación en la filosofía de Hegel. Hegel subrayó lo
que él llama poderes objetivos: la familia y el Estado. Pensaba que el
individuo era una parte orgánica de la comunidad. La razón o el “espíritu
universal era algo que no se hacía visible hasta la interacción entre los seres
humanos.
Todo individuo nace en una condiciones históricas. Nadie puede
tener una relación “libre” con esas condiciones. Y Hegel no concibe al
individuo sin el Estado. No se puede prescindir de él.
El espíritu universal, y no el individuo, se vuelve hacia sí mismo
en tres escalones: Primero se conciencia de sí mismo el individuo (esta es la
“razón subjetiva”). Pero en la familia, en la sociedad y en el estado el
espíritu universal alcanza una mayor conciencia, y a esto lo llama Hegel “razón
objetiva” porque actúa en interacción con las personas. Pero la forma más
elevada de autococimiento del espíritu
universal es la “razón absoluta”: el arte, la razón y la filosofía. El espíritu
universal no se encuentra consigo mismo hasta llegar a la Filosofía porque es
en este punto en que el espíritu universal se encuentra consigo mismo. La
filosofía es el espejo del espíritu universal.
KIERKEGAARD
...Europa camina hacia la bancarrota...
No interesado, como Hegel, de las grandes líneas de la Historia,
valoraba enormemente la importancia del individuo. Pensaba que tanto la
filosofía unitaria de los románticos como el historicismo de Hegel, habían
ahogado la responsabilidad del individuo sobre su propia vida. Para Kierkegaard, Hegel y los románticos
eran más o menos la misma cosa.
Por su carácter triste y melancólico se sintió obligado a romper
un compromiso matrimonial, lo que fue muy mal visto por la burguesía de
Copenhague. Se convirtió pronto en un marginado y lo que Ibsen más tarde
llamaría “un enemigo del pueblo”.
En efecto, al final de su vida elaboró una intensa crítica
cultural: “Toda Europa camina hacia la bancarrota”, dijo. Criticaba la
religión de domingo solo y la moral burguesa. Para él ser cristiano significaba
seguir las huellas de Cristo. Al contrario que los románticos, Sócrates era lo
que Kierkegaard llamaba un “pensador existente”, un pensador que incluye toda
su existencia en su reflexión filosófica. Cuando en 1841 llegó a Berlín, Hegel
ya había muerto 10 años antes, pero su filosofía era la dominante. Pero las
verdades objetivas por las que se interesaba la filosofía hegeliana no tenían
ninguna importancia para la existencia del individuo.
Para Kierkegaard, más importante que la “Verdad con V mayúscula”
es encontrar la “verdad para mi”. De
esa manera colocó al individuo contra el “sistema”. Para Kierkegaard no tiene
ningún interés hacer una descripción general de la naturaleza o del ser humano.
Es la existencia de cada uno la que es esencial. La verdad es subjetiva. Las
verdades realmente importantes son “personales”. Las cosas que podemos conocer
por medio de la razón son inesenciales. Son las cuestiones como la fe, la
confianza lo que obligan a decisiones vitales. El atacaba el conformismo de la
sociedad en cuanto que comparte ideas preestablecidas que se convierten en
definitiva en “palabrería”.
Kierkegaard opinaba que
existen tres actitudes vitales diferentes. El utiliza la palabra “fases”, y las
llama “fase estética”, “fase ética” y “fase religiosa”. Utiliza la palabra
“fase” para dar a entender que se puede vivir en una fase inferior y luego dar
un salto hasta una fase superior.
Quien vive en la fase estética vive el momento y busca en todo
momento conseguir el placer. Se vive totalmente en el mundo de los sentidos. El
estético se convierte en un juguete de sus propios placeres y estados de animo.
Lo negativo es lo “aburrido”, lo “pesado”. Lo que es bueno es lo que es
hermoso, bello o grato. El típico romántico es para Kierkegaard el típico estético.
No sólo busca placeres sensuales sino que tiene una relación de juego con la
realidad o con el arte o la filosofía. Se puede tener una actitud estética o de
“observador” incluso con el dolor o el sufrimiento. Es la vanidad la que
domina. Ibsen dibujó en Peer Gynt al típico estético.
Viviendo en la fase estética puede uno llegar a sentir angustia.
la “”angustia” es casi algo positivo. Es la expresión de que uno se encuentra
en una “situación existencial”. Ahora el estético puede optar por dar el gran salto:
es el momento de la decisión. Aquí ya se trata de “lo uno o lo otro”. Una
descripción magistral de cómo la elección existencial emana de una
desesperación y miseria interiores la ofrece Dostoievski en “Crimen y castigo”.
De esa manera a lo mejor se empieza a vivir en la “fase ética”
caracterizada por la seriedad de las elecciones según criterios morales. Lo
esencial aquí es que uno elija tiene
una actitud ante lo que es “correcto o
equivocado”. Esta actitud puede que llegue a cansar y provocar que se vuelva a
la fase estética. Se intenta vivir de acuerdo con la ley moral, no con la moral
burguesa que pone en compraventa todo, hasta su mismo yo. No es, pues la fase
más satisfactoria, en todo caso. N obstante, habría que criticar este juicio de valor de Kierkegaard, porque es fase
ética parece recordar a la ética del deber de Kant, y se puede vivir una vida
satisfactoria y tener la conciencia tranquila porque esa moral se guía por
criterios humanistas.
Según Kierkegaard, algunos son capaces de dar el salto a la “fase
religiosa”, a la fase de la fe, que es cuando el hombre encuentra su
reconciliación, aunque pueda ser “terrible caer en las manos de Dios vivo”,
como expresa Kierkegaard. Para él la “fase religiosa” era la religión
cristiana.
También tuvo gran importancia esta “filosofía existencialista”,
como fruto de su influencia, en el siglo XX, y además en autores no cristianos.
.
MARX
“nuestra forma de pensar”?
(Según MARX)
Tanto Kierkegaard como Marx utilizaron, cada uno a su manera, a
HEGEL como punto de partida. Los dos están marcados por la forma de pensar
hegeliana, aunque los dos se oponen a la idea de su “espíritu universal”, a lo
que llamamos el “idealismo” de Hegel.
Con Hegel acaba la época de los grandes sistemas filosóficos.
Después de él, la filosofía toma caminos muy distintos. En lugar de los grandes
sistemas especulativos, surgió una “filosofía existencialista” o “filosofía de
la acción”.
Marx, ya de entrada, llega
a la conclusión de que hasta su época “Los filósofos simplemente han
interpretado el mundo de modos distintos; lo que hay que hacer ahora es
cambiarlo”. Estas palabras señalan un giro en la Historia de la Filosofía.
La filosofía de Marx tiene una finalidad práctica y política. Y no
es casualidad que piense esto, pues él no fue sólo filósofo sino además
historiador, sociólogo y economista, lo que le da la posibilidad de un campo de
visión que es necesario siempre a cualquier investigador trate la materia que
trate. Hay que ver el bosque antes que los árboles.
Como resultado de sus estudios, ha sido el filósofo con más
impacto en la política práctica. Ahora bien, hay que diferenciar a Marx del
“marxismo” en general. No todo lo que se llama marxismo son ideas de Marx.
Desde el principio su amigo y colega ENGELS contribuyó a lo que más tarde se
llamaría “marxismo”, y posteriormente el pensamiento original de Marx ha sido
cambiado de forma diferente según quien se arrogara el calificativo de “marxista”.
Marx es un “materialista filosófico”, pero no como el de los atomistas
de la Antigüedad ni a la manera del materialismo mecanicista de los siglos XVII
y XVIII, si bien pensaba que son las condiciones materiales de la sociedad las
que deciden cómo pensamos. Esas condiciones materiales son también decisivas
para la evolución histórica.
Es un punto de vista muy diferente al de Hegel: difiere mucho del
“espíritu universal” hegeliano. A la fuerza que impulsa la historia hacia
delante Hegel la llamaba “espíritu universal”. MARX pone a Hegel patas arriba.
Marx quería mostrar que los cambios materiales son los decisivos, y por lo
tanto no son “las condiciones espirituales” las decisivas a la hora de crear
los cambios materiales. Son los cambios materiales los que crean las nuevas
“condiciones espirituales”: Son las fuerzas económicas de la sociedad las que
crean los cambios, impulsando así la Historia hacia adelante.
La filosofía y la ciencia en la antigüedad tenían una finalidad
meramente retórica porque no había mucho interés ni urgencia en aplicar los
conocimientos a las mejoras prácticas. Eso tenía que ver con el modo en que
estaba organizada la vida económica en general. La producción estaba basada en
el trabajo de los esclavos por lo que los ciudadanos finos no tenían necesidad
de mejorar la producción mediante inventos prácticos. Ahí se ve un ejemplo de
cómo las condiciones materiales contribuyen a marcar la reflexión filosófica de
la sociedad.
A estas condiciones materiales, económicas y sociales de la
sociedad, Marx las llamó la “BASE” de la sociedad, mientras las instituciones
políticas, la leyes, la religión, la moral, el arte, la filosofía y ciencia
todo ello compone lo que Marx llama la SUPRAESTRUCTURA. El MODO DE PRODUCCIÓN
consta pues de estos dos elementos: BASE y SUPRAESTRUCTURA, y es el que decide
las condiciones políticas e ideológicas que hay en esa sociedad. Marx no creía
en un derecho natural vigente en todos los tiempos. La cuestión de lo que es
moralmente correcto es un producto de la base de la sociedad. No es de
sorprender que hoy en día tengamos una moral distinta a la que existía en la sociedad feudal. Es normal, pues, por
ejemplo, que hoy se sea anticlerical aunque no se tengan muchas razones para
ello o simplemente uno comparta las ideas dominantes. Es un ejemplo. Podría
decir que se “impone la moda”, aunque esto no sean palabras textuales de Marx.
Las condiciones materiales levantan y sostienen todo el edificio
ideológico de una sociedad. Por tanto, la supraestructura no es más que un
reflejo de la misma BASE en que se sustenta. Ahora bien, hay una relación
recíproca de influencias entre la Base y la Supraestructura: Por ello, decimos
que el suyo es un “materialismo dialéctico”.
En la BASE de la sociedad podemos distinguir tres niveles
distintos:
- Lo más básico son
las “CONDICIONES DE PRODUCCION” de la sociedad. Es decir, las condiciones
y los recursos naturales que existen en la sociedad: Todo aquello que
tiene que ver con el clima y las materias primas. Todo esto es lo que
constituye los cimientos de la sociedad, y estos mismo cimientos están delimitando
el tipo de producción que esa
sociedad tiene, lo mismo que delimita el campo de la cultura que esa
sociedad puede llegar a tener.
- El siguiente nivel
de la Base abarca las “FUERZAS PRODUCTIVAS” de la sociedad: Sus máquinas,
sus herramientas. Y también hay qué tener en cuenta ya en este nivel quién
es el propietario de ellas.
- A la propia
organización de trabajo, a la división de trabajo, a la relación entre los
trabajadores entre sí y con las demás personas, incluido el propietario
Marx las llamó “RELACIONES DE PROPIEDAD” de la sociedad.
En cuanto al Modo de producción,
Marx señaló que por regla general es la CLASE DOMINANTE de una sociedad
la que decide lo que es bueno y lo que es malo. Porque toda la historia es una
historia de lucha de clases. La Historia trata sobre todo de quién va a ser
el propietario de los medios de producción. Y por tanto de la manera en que
piensas si no revisas a fondo tus
esquemas. Cada uno es hijo de su tiempo, del tiempo en que vive y de los
esquemas mentales de aquellos a quienes, a lo mejor atacas en su forma de
proceder pero eres esclavo de sus ideas al mismo tiempo.
La pregunta obvia, por tanto, es si los pensamientos e ideas de la
gente contribuyen a cambiar las Historia: La respuesta es Sí. En todas las
fases de la Historia ha habido un antagonismo entre las dos clases sociales
dominantes. En la época de Marx el antagonismo se dio entre el capitalista y el
obrero. es decir, hay siempre un antagonismo entre los que poseen y los que no
poseen los medios de producción. Y como la clase superior no quiere ceder su
predominio, una vez que ha encontrado su “Eldorado”, un cambio sólo puede tener
lugar mediante una “revolución” (con
comillas; estas comillas son mías).
Habría que preguntarse dónde se encuentra hoy ese antagonismo.
¿Cuáles son las clases enfrentadas? ¿Hemos vuelto a a un tipo de modo de
producción en que incluso las clases medias se han convertido en víctimas de
los poderes dominantes en vez de encontrar una escalada sencilla a la clase
superior o de estar favorecidas de algún modo porque debajo debería haber una
amplia clase que fuera la que exclusivamente se viera fuera del gran pastel
económico?
Hegel pensaba que hay una relación recíproca o dialéctica entre el
ser humano y la naturaleza. El hombre, cuando trabaja, deja su huella en la
naturaleza, y ésta, a su vez, deja su
huella en el hombre y en su conciencia. Según Marx también hay una relación
recíproca entre la “mano” que trabaja y el “espíritu”. Por lo tanto el trabajo,
en principio, dignifica al hombre.
En el sistema capitalista el trabajo se convierte en algo fuera de
el obrero. Y es en este punto en el que Marx lanza su terrible crítica sobre la
forma capitalista de producción. El obrero se siente alienado. El que no tiene
trabajo se queda en un escalón inferior, simplemente esta vacío y pierde algo
de su mismo sentir de considerarse “persona”.
En la época de Marx las duras condiciones laborales causaban que
lo que debía ser la marca de nobleza del hombre, es decir, el trabajo, al
obrero le convertía en animal.
Naturalmente el mundo ha cambiado desde entonces. ¿Hasta qué
punto?¿Se ha mejorado todo aquello de forma que fuera obsoleto comparar la
problemática aquella con la actual? Y
la actual ¿desde qué años? ¿Nos falta perspectiva histórica para responder a
esto?
El proceso siguiente fue que en muchos países casi todos podían
vivir bien, pero siguió habiendo zonas enteras y muchas gentes en condiciones
infrahumanas. Y eso mientras la producción de mercancías se abarataba por medio de la modernización de las
instalaciones de producción, lo que permite abaratar más las mercancías y, al
mismo tiempo, aumentar las ganancias de los capitalistas aún más. Se produce
hay un proceso que Marx denominaba “explotación”.
Marx opinaba en este punto que había varias contradicciones en la
manera de producción capitalista: Es, decía, un sistema económico
autodestructivo, porque carece de una dirección racional. El Capitalismo es
“progresivo”, está “dirigido hacia el futuro” porque es una fase en el camino
al comunismo, según Marx.
Naturalmente que el capitalista gasta parte del dinero y en ello
contribuye a la economía creativa, pero compra maquinaria nueva para aumentar
su capacidad de competitividad y cada vez necesitará menos obreros. La
consecuencia es que habrá cada vez más parados. Se crearán problemas sociales y
esas crisis suponen un aviso al Capitalismo. Por su parte el capitalista
intenta sacarle más ganancias al sistema de producción, pero puede que no pueda
crear un excedente suficientemente grande como para seguir produciendo a
precios competitivos. La solución es bajar los sueldos si quiere salvar su
empresa de la ruina. Pero si todos los demás son tan listos como él , los
obreros serán tan pobres que no podrán comprar nada. Baja su poder adquisitivo
y se rompe así la cadena.
En ese punto dice Marx que
“a la propiedad privada capitalista le ha llegado su hora”. Pronto se
tiene que producir una situación revolucionaria. Y eso terminaría en un punto
en que los medios de producción pasarían a manos de los proletarios. Se
produciría así la etapa de “dictadura del proletariado” en que mantendrían sometida por la fuerza a
la burguesía. Y tras un período de transición, la dictadura del proletariado
sería sustituida por una “sociedad sin clases”, o comunismo, en que los medios
de producción serían propiedad de todos.
Al llegar a este punto hay que decir que Marx se equivocó en
varios puntos importantes referentes a las crisis del capitalismo. Se equivocó
en pensar que aquellos que iban a administrar el Comunismo eran personas sin
tacha.
En todo caso, después de Marx se crearon dos tendencias
principales en el movimiento socialista: la socialdemocracia y el leninismo. La
socialdemocracia triunfó en Europa Occidental gracias a su “revolución” lenta.
El otro movimiento, el leninista creó una sociedad represiva, una nueva forma
de represión.
Con el bienestar creado en Europa gracias a un Capitalismo que
comprendía que no podría subsistir sin hacer concesiones se fue creando una
“sociedad del bienestar”. La evolución posterior de la ingeniería económica,
animada aún más desde la caída del Muro de Berlín, puso las cosas difíciles.
Los más optimistas piensan que con un par de trucos, la crisis se va y no pasa
nada. Pero la destrucción de la sociedad del bienestar en aras del Capitalismo
financiero que se ha apartado en paralelo de la Economía productiva crea nuevos
problemas. La historia enseña que no se puede estirar la cuerda tanto ...
porque termina rompiéndose. ¿Por dónde?¿Se puede evitar? Esa es la cuestión pendiente. Pero mal
salida tiene el apretar cada vez más las tuercas y que salpique de lleno a la
clase media...
Lo nuevo hoy, según la dialéctica de
Marx, es que la economía tal como esta montada desde hace 50 años ha caminado
en el sentido de que ha producido mucho dinero por una parte, pero ni siquiera
con la esperanza de ganar más dinero le ha hecho falta pasar a la economía
productiva en la que unas 10 variables deben estar compensadas. A eso apuntaba
en mi breve post de esta mañana. El elemento necesario y más importante
para que se reconduzca de nuevo es LA ELIMINACION DE TODOS LOS PARAISOS
FISCALES. Esa es la QUESTION.
No tiene explicación razonable ética la
doble economía, pero sí económica a corto plazo, aunque según las leyes de la
Historia eso debería conducir por si mismo a una autodestrucción y por consiguiente
a escoger una salida, forzada o no, para evitar tal autodestrucción. En el
siglo XVII español pasó lo mismo: La tesaurización sistemática hizo que faltara
el dinero productivo y la liquidez, y que se cortara la cadena productiva. Y
justamente fue porque no se produjo el paso al Capitalismo en España aún.
Es decir, el neoliberalismo ha conducido en realidad a un Totalitarismo que
sólo se puede alimentar del dinero de las clases medias y del ahorro
sistemático de la mano de obra. Eso conducirá, si no se remedia, a una
catástrofe o a una Revolución. Me explico? Es decir el Capitalismo racional
deja un lugar para que la sociedad del bienestar sea posible. Este tipo de
Capitalismo actual no. Ha cambiado su ADN.
VI. NUESTRA EPOCA
EL
EXISTENCIALISMO DE J.-P. SARTE
Antecedentes
En nuestra época las direcciones filosóficas divergen hacia
distintas direcciones. Una de ellas fue el Existencialismo, que abarca diversas
corrientes filosóficas que toman como punto de partida la situación existencial
del hombre. Es la “filosofía existencialista del siglo XX”. A algunos de ellos
les sirvió de base Kierkegaard, pero también Hegel y Marx.
Otro filósofo que tendría gran importancia es Friedrich NIETZSCHE
(1844-1900), quien reaccionó frente a la filosofía de Hegel y el “historicismo”
alemán. Intenta exaltar la vida misma frente a lo que llama “una moral de
esclavos cristiana”. Quería una “reevaluación de todos los valores” de modo que
el despliegue vital de los fuertes no fuera impedido por los débiles. Tanto el Cristianismo
como la tradición filosófica habían dado la espalda al mundo real, al mirar
hacia el “cielo” o hacia el “mundo de las Ideas”. Ese mundo lo considera un
“mundo” de apariencias. “Sed fieles a la Tierra”, dijo. Y añadía: “No escuchéis
a aquellos que os ofrecen esperanzas celestiales”.
El filósofo existencialista Martin HEIDEGGER, por su parte,
estaba influenciado por Kierkegaard y Nietzsche Su distinción entre “esencia” u
“existencia” hecha en su gran obra “Ser y Tiempo” (Sein und Zeit), fue fundamental
para tirar toda la Metafísica anterior a él. Es el filósofo a la base de
SARTRE.
SARTRE
Nos interesa ahora más, sin embargo, Jean-Paul SARTRE (1905-1980),
el más conocido de los existencialistas. Su filosofía se desarrolló principalmente en los años 40, justo después de la
Segunda Guerra Mundial.
Sartre dijo que “el Existencialismo es un humanismo”, con lo cual
quería decir que los existencialistas toman como punto de partida el ser
humano. Y el suyo es un humanismo con una visión mucho más sombría del hombre
que la que nos vino como herencia del Renacimiento.
Sartre pertenece al grupo de los existencialistas ateos. Su
filosofía es un análisis de la situación del hombre cuando “Dios ha muerto”,
expresión que viene de Nietzsche.
Lo mismo que para Kierkegaard, la palabra clave de su filosofía es
la palabra “existencia”, pero hay que tener en cuenta que no se entiende lo
mismo por “existencia” que por “ser”. El hombre es el único ser vivo que es
consciente de su propia “existencia”. Las plantas y animales sólo “son”. La
cosas físicas simplemente “son en ellas mismas”, pero el ser humano es también
“para él mismo”. La existencia del hombre precede a cualquier significado que
pueda tener. El hecho de que “yo” exista precede a lo que “yo soy”. Por lo
tanto, “la existencia precede a la esencia”, y no al revés.
“Esencia” es aquello de lo que algo consta, la naturaleza de una
cosa. Pero el hombre no tiene una naturaleza innata, sino que ha de crearse a
sí mismo. Ha de crear su propia naturaleza o “esencia” porque esto no es algo
que le venga dado de antemano.
El hombre, según Sartre, no tiene una naturaleza eterna en que
refugiarse. Hasta él casi todos los filósofos – a excepción principalmente de
Heidegger - habían intentado dar una
respuesta a qué es el hombre, o qué es la naturaleza humana. El cambia esa
orientación, y afirma que tampoco sirve preguntar por el “sentido de la vida”
en general. Estamos condenados a improvisar. Entramos como actores en un
escenario sin papel estudiado, sin argumento alguno, sin apuntador. Tenemos que
elegir por nuestra cuenta cómo queremos vivir.
Cuando el hombre se da cuenta de que existe y de que va a morir y
de que no tiene nada a que agarrarse, esto crea “angustia”. También en
Kiergaard el hombre se encontraba ante una situación existencial. Pero Sartre
va más allá: El hombre se encuentra extranjero en un mundo sin sentido. Y esa
alienación proveniente del hecho de ser una extranjero en el mundo le crea un
sentimiento de desesperación, aburrimiento, asco y absurdo. Al describir esta
“alienación” está sirviéndose de pensamientos centrales ya tratados por HEGEL y
MARX.
Sartre concibe la libertad del hombre como una condena. Un
pensamiento muy distinto al de los Humanistas quienes habían exaltado, en un
alarde de triunfalismo, la libertad y la independencia del ser humano. El
hombre en Sartre “está condenado a ser libre”, y ello porque “no se ha creado a
sí mismo y sin embargo es libre. Porque una vez que ha sido arrojado al mundo
es responsable de todo lo que hace”.
Somos individuos libres, y debido a ello estamos condenados a elegir durante
toda nuestra vida. Y no existen valores o normas eternas por las que nos
podamos regir. Por ello son tan importantes las “elecciones” que hacemos, ya
que somos completamente “responsables” de todos nuestros actos. No podemos
librarnos de nuestra responsabilidad amparándonos en ninguna norma
preestablecida. La libertad humana nos exige poner algo de nosotros mismos,
existir “auténticamente”. De lo
contrario nos convertiríamos en parte de esa masa amorfa que se refugia en la
mentira de la vida.
En nuestras elecciones éticas no podemos echar la culpa a la “fragilidad humana”. Sartre no es, sin
embargo, un nihilista; no afirma que nada importe nada y que todo está
permitido. No, para Sartre la vida debe tener algún sentido. Y es cada uno de
nosotros quien debe dar el sentido a la propia vida.
La conciencia no es nada
en sí misma antes de percibir algo porque la conciencia es siempre
conciencia de algo. Y ese “algo” es tanto nuestra aportación propia como la del
entorno. Nosotros, así, participamos en
decidir lo que percibimos. Nuestra propia existencia contribuye a decidir cómo percibimos las cosas en el
espacio: sólo percibimos aquello que nos interesa, y liquidamos lo que no tiene
importancia para nosotros.
Tampoco en lo relacionado a los sexos, hay una eterna
“naturaleza de mujer” o “naturaleza de
hombre”. Son prejuicios de los que hemos de librarnos. Y en este punto es SIMONE
DE BEAVOIR quien toma la palabra. En el libro “El segundo sexo”, publicado
en 1949, decía que en nuestra cultura sólo el hombre aparecía como sujeto,
convirtiéndose así la mujer en un
objeto del hombre. No hay una naturaleza masculina “transcendente e ilimitada”
que busque horizontes fuera del hogar frente a una femenina, de carácter
“inmanente”, es decir que quiere estar donde está. La mujer ha de reconquistar
su responsabilidad, al de su propia vida. Si no se responsabiliza de su propia
vida, se reprimirá a sí misma. Somos exactamente tan libres y tan independientes como decidimos ser.
Desde los años 40 hasta hoy el existencialismo jugó una gran
influencia en la literatura. Representantes dignos de mención son el francés CAMUS,
el irlandés Beckett, el rumano Ionesco y el polaco Gombrowicz.
Característico de ellos es el “teatro del absurdo”, que se encarga de mostrar
el absurdo o la falta de sentido de la vida como reacción a un teatro de tipo
“realista”. Al mostrar este absurdo en
sucesos cotidianos, pretende este teatro del absurdo que reaccionemos y
busquemos una existencia más auténtica y verdadera. Al mostrar situaciones
triviales, el teatro del absurdo puede considerarse una especie de
“hiperrealismo” como cuando representa lo que sucede en un cuarto de baño una
mañana cualquiera en un hogar cualquiera. A veces adquiere rasgos surrealistas
cuando los personajes se ven en situaciones improbables o irracionales, como si
estuvieran en sueños. Y es el espectador el que ha de reaccionar ante la falta
de asombro que muestran los personales.
Pero el existencialismo no ha sido la única corriente. El siglo XX
ha visto también otras corrientes, como el neotomismo, o la filosofía
analítica, o el empirismo lógico, el neomarxismo, el psicoanálisis, el
materialismo y la ecofilosofía. En boga estuvo unos años el postmodernismo: una
filosofía nacida con el optimismo pasajero de la caída del muro. Hoy no saben
en qué agujero meterse.
BREVE HISTORIA DE LA FILOSOFIA
(Copyright:
Fernando H. Salas).
V. 2013.
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